Archivo de la etiqueta: teatro

No sé por qué siempre digo “hago teatro” en lugar de “soy actriz”, cuando ninguna de las dos cosas son correctas al 100%. No sólo hago teatro, también cuentacuentos, cortometrajes, sketches y anuncios. Y actriz es sólo una parte de las muchas cosas que soy y de las que disfruto oficialmente desde el año 2000.

De las primeras cosas que hago cada vez que cambio de ciudad (y no han sido pocas las ocasiones) es buscar el grupo de teatro local y meterme de lleno. Así es como he pasado por un total de 5 agrupaciones culturales en 3 ciudades distintas.

Lo que venía a contar no es mi recorrido por la interpretación, sino aspectos relacionados con mi observación del mundo (pa variar) y mi experiencia como “actriz en garitos pequeños”.

Como ya he indicado más arriba, he actuado en ciudades diferentes. No sólo por las diversas agrupaciones de las que he formado parte, sino porque afortunadamente no nos quedábamos únicamente en la localidad cuna de los grupos en sí. Han sido varias las ocasiones en las que hemos disfrutado de la convivencia, del trayecto y de la actuación en cualquier otro sitio relativamente cercano.

Pero, ¡ay! Cuando actúas en tu pueblo, durante varios días, no sabría decir cuántos, tú no eres tú. Si ya, automáticamente, en los ensayos te acostumbras a responder por tu nombre y por el de tu personaje, durante algunas semanas, en el pueblo la gente por la calle también te hablará como si formaran parte de la obra.  Así pues, he respondido a los nombres de Julia, RitaBlanca, Alicia, Melodía… y, como parte del equipo, también se me ha identificado este año con el nombre de micro 2. Es un gusto ver a tus vecinos mirarte con asombro por la calle, como si tú no fueras tú porque no es a ti a quien ven, sino a tu personaje, al que ayer estaba en el escenario, al que les hizo reír o llorar, al que les conmovió o les hizo pensar. Y en ese momento no eres Eva ni te brota responder como tal porque no es a ti a quien buscan, lo percibes y, al menos a mí, me agrada.

Tanto es así que, hace unos días, una persona que conozco de toda la vida, sin tener un trato personal, pero sabiendo el uno del otro de nuestra existencia, me paró por la calle para felicitarme, darme dos besos y decir que estaba encantado de conocerme. No me acababa de conocer, era obvio, pero el mensaje iba más allá. Estaba conociendo a quien tanto le había hecho reír y ese personaje soy y no soy yo. Tenía razón, era su primer contacto con ese ente.

Me gusta que me paren por la calle, siempre dicen algo que te hacen sentir bien. Los más tímidos, te miran y sonríen y tú ya adivinas que ocuparon algún lugar en el patio de butacas. Los niños, algunos se acercan y otros te llaman por tu nombre ficticio y luego disimulan. Hay quien te grita tu frase más típica. Este año, lo que más me han dicho es “¿Te puedo tocar?” al haber representado a un personaje extremadamente escrupuloso. Pero hay quien fue más allá y le dio otro sentido a la frase añadiendo “para ver si eres de verdad”.

Es un gusto sentirse atendida de este modo, ser tú y a la vez esa criatura que tanto has estudiado, cuyos movimientos tanto has medido para que, aun teniendo tanto de ti, se parezcan lo menos posible a los tuyos. Se cierra el telón y no das el trabajo por concluido porque el público te espera en cualquier calle para recordarte quién has sido en las tablas. No me dedico profesionalmente a la interpretación (no por falta de ganas), pero tanto en esta afición como en mi profesión, me quedo con la satisfacción de sentir que hago algo por alguien más que por mí misma y que a la vez recibo reacciones, impulsos que me animan a seguir por ambos caminos, esos que vi claros desde muy pequeña cuando vestida de princesa, de hada o de bruja, soñaba con dar clases en un idioma que aún desconocía.

No me equivoqué.

*Aplausos*


Desde 2010 resido en un pueblo que no es el mío, adonde vine a formar una familia (aunque sólo fuera de dos). Hoy, cuatro años y medio después, con mi plan inicial malogrado, sigo aquí, desenvolviéndome como una más por los enredos culturales que me ofrece mi lugar de residencia. En cuanto supe que el municipio contaba con un grupo de teatro local, no dudé en hacerme socia, pero fue ese un año de poca novedad, manteniendo activos espectáculos de otros años. Busqué y encontré y, allá donde encontraba, sonaba el eco del mismo nombre: Nono Vázquez. Con la representación de la primera obra en la que salí allí, él tuvo la primera referencia sobre mí. No era con una agrupación, era una obra benéfica de una cofradía (sin ser yo nada de eso) en la que estaban todos los que eran amigos míos en calidad de “novia de” (algunos, muy pocos, los suficientes… supieron serlo también después, ya como individua, gracias por tanto). De aquello me llevé mi primera experiencia en unas tablas que beso, y también una sensación de aspereza al no aparecer mi nombre en la dirección, que era lo que más ilusión me hacía, ya que fue mi primera vez. Pero si alguien, pasados los años, quiere disculparse, que lo haga con mi madre, que le dolió la ausencia de mi nombre antes, y probablemente más, que a mí. Así como tampoco me tuvieron en cuenta a la hora de agradecer a los colaboradores desinteresados, un evento del que salí llorando y no era de emoción. Pero haber estado en el escenario con ellos, hizo que Nono supiera de mí por primera vez. Semanas después, tuvimos ocasión de saludarnos. Si no fue antes, fue porque habíamos estado buscándonos en círculo. SONY DSC          Unos meses más tarde, recibí un correo desde la asociación: alguien buscaba actores para una representación multidisciplinar. Por supuesto, dije que sí. Cuando llevábamos unas semanas ensayando (tal y como ya sé que se ensaya con Migue), nos quedamos sin protagonista. Volvió a sonar el nombre en mi cabeza, pero no quería proponer a nadie a quien no conocía ni podía avisar personalmente. Sin embargo, pasó. A los pocos días, quedando dos semanas para la representación, Nono Vázquez se ponía en la piel de Beethoven. Debo reconocer que aquello tomó otro color, se fueron fijando conceptos y movimientos y, por nuestra parte, algo más. No hubo tiempo para lazos, cuando pudimos tomarnos unas cañas, el estrés de aprenderse el texto en tan poco tiempo, acabó con un Nono febril en cuanto aplaudió el público. IMG_3116 Pero llegó el verano y un e-mail. Nono, molesto consigo mismo y disculpándose por proponerme como segunda opción, me ofrecía un papel en una obra que él mismo dirigía: El Sí de las Niñas. Obviamente, le di el sí. Fue ahí donde empezó todo, una amistad sana, con más cosas en contra que a favor, lo que la hizo más fuerte. Meses después estábamos preparando un cuentacuentos para la guardería donde estaba su hijo, a quien adoré desde antes de ese día, pero fue ahí cuando me di cuenta de que era mutuo. IMG_0345 Desde entonces, las tardes de café y karaoke, los momentos de charla en el Casablanca, eran continuos. En 1012, cuando pude pronunciar un NO en alto y tajante a la vida (poco) sentimental que estaba llevando, él fue la única persona que supo estar a la altura de las circunstancias. Nono, a mí sí que me va a faltar vida para agradecerte que recogieras mis lágrimas esa noche. Nunca había llorado con toda la boca delante de nadie, del mismo modo que nadie me había enseñado a DSC02515actuar con todo el alma. Para ese año ya tenía otra preparada: escenas de Don Juan Tenorio para el día de los difuntos, en el lugar donde más a gusto me siento, después de mi casa: el Casablanca. Al año siguiente, otra obra con él: Farsa y Licencia de la Reina Castiza, con Esperanza Teatro. Y tras un año dejándonos un poco en paz por diferentes circunstancias, a finales de 2014, 401296_10152762831855611_1328470819_nNono me da una noticia: lo habían propuesto como pregonero del carnaval de su pueblo. No podía sentirme más orgullosa de mi amigo, no podía parecerme más justa esa mención. Acto seguido, me dijo su propuesta de pregón, pensaba hacerlo cantado. Iba a preparar todo el repertorio de un día de concurso: presentación, dos pasodobles, dos cuplés con su estribillo, y popurrí, con música que su comparsa había sacado en diferentes años. Y, para colmo de sorpresas, contaba conmigo para hacerle alguna voz. “Pero yo no sé cantar, Nono.” Y eso es algo que puedo decirle a todo el mundo menos a él, para quien soy una todoterreno con un par de huevos enormes. Y es cierto, yo no sé cantar a dos voces, no tengo oído, no sé proyectar la voz… pero no cesó en su empeño. Ensayamos todo lo que pudimos en unos días en los que todo eran complicaciones. Yo, personalmente, sufro en estos meses los estertores y la ronquera de la alergia al ciprés (¡esa gran desconocida!) y eso no es lo más grave que estaba ocurriendo entre los que colaborábamos… Era su momento, sabía que para él era importante tenerme allí, podía contar con otras personas y no lo hizo. Pero también sabía que todo aquello era suyo, de él y para él y no se lo quería estropear. 10371455_859484160782598_2325149355503043663_nA la satisfacción de que contara conmigo, hay que sumarle el hecho de que me mezclaba con gente muy especial para él: su hermano y amigos suyos de toda la vida. Reencontrarme con Raúl Vázquez, fue un gozo tremendo. Siempre lo he admirado en secreto. No puedo describir lo que es volver a hablar tranquilamente con Jose Luis Hinojosa, refugiarme en uno de sus apretones de mano y disfrutar de una de las sonrisas más honestas. Sonrisa, que también tiene Jesús, su hermano, a quien no conocía y con quien creí sentir los tambaleos de un flechazo inevitable. Y Maribel, que me dio la confianza que necesitaba para, al menos, hacer la parte del repertorio que ella había podido oír, la misma que me hizo sentir especial al pedirme opinión sobre lo que había escrito ella para la presentación. Reconozco que no estuve muy expresiva, limitada por mis toses y el sueño que dan los antihistamínicos, pero ojalá la vida nos vuelva a juntar para más momentos así, aunque sólo sean parecidos. 10922797_859484107449270_1135665887194919484_nEntre el público me encontré con caras conocidas y desconocidos que me tocaban y me llamaban por mi nombre mientras cruzaba la sala hasta el escenario. Caras que no olvidaré con nombres que no recuerdo. Y, a los que pude saludar después, los que me dejaron sus impresiones: Lucía, Manolo(s), Bea, LopeCarlos Hinojosa, que dejó de ser mi alumno para ser mi alcalde (y amigo) y Nuria Morcillo, que podía haberse librado de esta, pero quiso acompañarme; a quien últimamente miro antes de salir al escenario, porque su cara relajada y a la vez expectante, hace que me sienta segura. Nuria, sábelo, tienes la mirada propia de familiar de artista, gracias por venir. Después de un pregón fugaz, en el que lucimos los colores que, con prisa y acierto, nos puso Raúl Montoya, pudimos alargar el momento un poco más. Unas horas más para disfrutarnos ya sin prisa, donde también se unió Pablo J., haciéndolo todo más cercano aún, como siempre que podemos, en el Casablanca. Y, para colmo, un día después, cuando los mensajes emotivos de agradecimiento son los que te llenan de notificaciones el grupo de whatsapp en cuestión, recibimos la noticia de un alta médica del que todos habíamos estado pendientes (¡A recuperarse del todo, familia de luchadores!). No se me olvida, lo he dejado intencionadamente para el final. Entre idas y venidas, entre confidencias y proyectos teatrales, pude contar con el apoyo de Mari, quien para mí dejó de ser “la mujer de Nono” para pasar a ser mi amiga, ayudándome con su apoyo incansable en mis oposiciones, animándome en todo, diciéndome sí a un día de compras en otra ciudad, ofreciéndome su casa, el calor de los suyos e invitándome a su mesa algún que otro domingo. Todo esto, en el pueblo en el que vi truncado mi plan de formar una familia, pero donde me encontré formada una preciosa que siento mía. Infinitas gracias a todos. SONY DSC


Esta entrada es muy personal. No hago crítica de la obra en cuestión, hablo a corazón abierto de algo que me da mucha vida.

El sábado 22 de noviembre hice una de esas cosas que tanto me gustan: ir al teatro. Lo hago tanto para subirme a las tablas, como para dejarme sorprender desde el patio de butacas. En esta ocasión, hice lo segundo.

IMG_4486Esta vez fue especial… ya, es algo que digo cada vez que voy, sea como actriz o como espectadora, pero es que cada vez es especial a su modo. Aquel día iba a ver a Manu. Iba reventada de un intenso día de coche, compras y dolor de cabeza, pero entraba en mis planes y fui. ¿Quién es Manu, que hacía que no contemplara la idea de no ir? A Manu lo conocí antes de saber quién era, estaba aplaudiendo el día que señalo como más importante teatralmente hablando, donde ya lo menciono en una entrada en este blog: A Manu, porque yo no te conocía y cuando salí a saludar tu aplauso sonó por encima de todos y supe que eras tú. Cuando salí, Manu fue la primera persona que se puso de pie, quitándome de encima el personaje haciendo que me mostrara más tierna y emocionada. Nunca olvidaré esa sensación. Manu fue mi abrigo en un curso de teatro en el que coincidimos. Supo ser varias tallas, quedarme holgado y también ajustarse sin apretar. Y después de aquello, tuve la suerte de actuar con él en la obra Farsa y Licencia de la Reina Castiza, en 2012.

Y por 10435845_790060181024399_8669658879832477623_ntodo esto que cuento, el sábado fui sola al teatro, sólo para verle. Además, creía recordar haber visto a esta agrupación anteriormente en una actuación en la universidad. Fue una gozada y lo recuerdo con mucho cariño. De nuevo, había sensación de orden, de precisión, de todo en su sitio. El vestuario, la escenografía, la iluminación, la proyección de la voz, la coordinación, el dominio del cuerpo… todo sumaba. El color, o la ausencia del mismo, ese coqueteo con el blanco y negro hasta en el más mínimo detalle, me enganchó del todo.

Y, mientras tanto, entre actores1049066_182298218608075_504940956_o y actrices maquillados irreconocibles, descubrí a alguien: “Esa nariz… esa boca… las he visto yo en otra parte.” Recordé que Pepi, compañera mía de otra agrupación con la que, por cierto, no llegué nunca a actuar (Pepi, nos lo debemos), había entrado en otra agrupación. Allí estaba, magnífica, resonando, caminando liviana como si apenas pisara.

Al ver a gente que ya conoces actuar en otros sitios, te das cuenta de que no hay actores buenos (reconozco que es una afirmación muy atrevida, pero entenderéis que hablo de ello con un matiz), sino actores y actrices en mejores o peores manos. En mis propias carnes he vivido cómo un director ha sabido sacar lo mejor de mí, cualidades que ni yo misma sabía que tenía. Y lo mismo veo en gente que se mueve de aquí para allá y escucha, mira y aprende.

Salí de la obra muy tocada con lo que había visto. No quería hablarlo con nadie, por si hablar me sacaba del ensueño. Y pronto salió Manu y pude abrazarlo, empapado en sudor, como cuando fue mi apurada bolsa de condones en los pasillos de un convento. Y esperé a Pepi, pero tuve que ir a buscarla. Me sentía insegura, no me gusta meterme en camerinos cuando lo ocupan otras agrupaciones, por muy bien que conozca el teatro. Empujé un poco la puerta preguntando por ella. Antes de darme cuenta, un grito llenó la sala y ella me abrazaba fuerte. Ni siquiera imaginaba que pudiera significar tanto para ella verme allí. Su reacción fue todo un regalo para mí que, por si no hubiera tenido sufientes emociones, salí llorando de allí. 10703916_10205437726604759_5207428214633138054_n

Vi a mis compañeros felices, realizados, y eso me llena. Si puedo pedir un deseo, ojalá algún día encuentre a compañeros míos de otras agrupaciones en el patio de butacas. No puede ser muy difícil habiendo actuado ya con 5 grupos diferentes. El teatro necesita tanto de gente que llene el escenario, como las butacas. Y sentir el cariño de gente con la que compartes esa pasión, lo hace todo aún más grande. Gracias, compañeros, por darme tanto. Gracias, Manu y Pepi; gracias, In Vitro.


Hace un año elegimos obra y, “Cluedo”, el nombre con el que la rebautizmos, no pudo ser más acertado.

IMG_5279

El juego al que hace mención trata de descubrir quién asesinó a un señor, en qué habitación y con qué arma. Desde el minuto uno, la trama de la obra rueda sobre un asunto muy parecido. Pero no puedo hablar sólo de la obra. Si bien no ha habido ningún asesinato, la fecha del estreno ha sido siempre un misterio para los implicados.

En octubre del año pasado volvía a decir que sí a un proyecto teatral. Aunque yo empezaba a la vez a trabajar y a preparar oposiciones, elegí esta actividad para ocupar el poco tiempo de ocio que me quedaría. Calculábamos que marzo o abril podría ser una buena fecha… pero los tejemanejes de la realidad superaron a la enredada ficción de la obra que teníamos entre manos.

IMG_5586

Pronto fueron evidentes las diferencias horarias y geográficas del reparto. Por este motivo, a un mes del estreno, tuvimos una baja que, aunque pronto fue sustituida gracias a la generosidad de Laura que se aprendió su texto en semanas, hubo casi que empezar de cero la puesta en escena que, dada la complicación de la obra, tampoco es que la lleváramos todo lo avanzada que nos hubiera gustado a esas alturas… A cuatro días del estreno, sufrimos la pérdida de una persona muy querida por todos, miembro del grupo y familiar directo de 3 (o podríamos decir 5) de los partícipes. Se aplaza el estreno. Tenemos entre medias una representación más “familiar” en una aldea cercana que nos pone un poco a prueba y nos sube la moral. Se pospone el estreno a lo grande hasta después de verano.

4400243a9565e83dd4a1b60ed591dbea_XL

Un mes antes de la siguiente fecha propuesta, recibimos una terrible noticia: el piso de arriba de la sede de la agrupación se ha venido abajo. En la zona dañada del bajo donde se ubicaba, teníamos montada toda la escenografía  necesaria para la función. Si en cualquier obra necesitas un sofá cualquiera, con una mesa normal, y unas cuantas sillas, para esta era necesario un sofá de no menos de tres plazas, una mesita de café con un cajón frontal visible, un mueble con una puerta donde cupiera una botella también con unas características particulares, un cojín que se abriera fácilmente tirando de los extremos… No hacía mucho que lo habíamos encontrado y montado todo tal y como era preciso. Y, de pronto, no teníamos nada. Afortunadamente, algunos no habíamos devuelto la ropa y eso se pudo salvar. Y más afortunadamente aún, no hubo daños personales, ni de miembros del grupo ni de la familia que vivía en los pisos superiores.

Y así, salvando todos los obstáculos, ayer pudimos presentar el espectáculo más importunado del mundo. Desde aquí quiero agradecer a mis compañeros su buen hacer y su perseverancia para con este proyecto. Hemos sido muy valientes. Nosotras que creíamos que aprendernos tal obra ya era en sí un reto, aprendimos que la vida nos tenía preparados muchos más. ¡Enhorabuena, luchadores!


Los días previos a la noche en la que iba a ver Action Man, el espectáculo que traía Yllana, se parecieron mucho a aquellos en los que me rechinaban los dientes al ver el cartel de “Entradas agotadas” cuando vino El Brujo.

Nunca me resisto a un “no hay entradas”, como bien hice aquella vez. Parece ser que gusta hacerme creer que no voy a poder hacer algo que quiero y al final ha sido sólo una broma con poco gusto. Incluso si alguien se pusiera como objetivo procurar que no consiguiera entrada, siempre hay otra persona que puede facilitarme las cosas. Quizás porque últimamente concibo los espectáculos como algo para disfrutar en soledad, aunque esta vez tuve a mi lado a la mejor compañía que podría tener para esa noche: compañeros de teatro y otros quehaceres.

Y ahí estaba Raúl (Cano)2 llenando un escenario entero con su sola presencia. En mi recorrido por diferentes teatros, ya sea como actriz o espectadora, he aprendido a seleccionar aquello a lo que quiero prestarle especial atención. Este aprendizaje se lo debo a los dos espectáculos más grotescos en los que he estado. Porque, Carmen, he visto algo aún peor que Rapsodia: la vida es sueño. En ambos, aprendí a obviar un argumento cogido con pinzas para centrarme en la interpretación, los movimientos o la voz de alguien en particular.

En el caso de Yllana, el espectáculo en sí ya seducía, aunque debo reconocer que alguna vez dejé de atender a lo que se contaba para centrarme en cómo lo contaba él. Raúl tiene un dominio del cuerpo impresionante, no podía dejar de mirar y admirar cómo su cuerpo obedecía a cada orden que mandaba aquella cabeza privilegiada. Creo que es la primera vez que veo a alguien moverse con tanta precisión por un escenario. Y su voz, sin apenas palabras, desarrollando la historia con sonidos intranscribibles que todos acabamos imitando con bastante poco éxito. A consecuencia, salimos todos de allí entonando aquel pegadizo Guau! eh? Y con razón.

Los compañeros con los que me crucé por allí y yo llegamos a la misma conclusión: esa noche, alguien había puesto la palabra actor en un lugar al que ninguno de nosotros, aficionados con muchos años de interpretación a la espalda, podíamos alcanzar. Para mí no fue frustrante, lo tomé como enseñanza.

De esto hace casi un mes y mi amigo Nono ya le dio forma en su blog. Yo me he tomado más tiempo, por una mezcla de exceso de trabajo y pereza estival que han hecho que le quite vidilla a mi blog para poder dármela a mí misma. Sin embargo, el recuerdo de las misiones de aquel Superagente Especial han estado flotando en mi mente cada día desde entonces. Porque hacer reír así de bien tiene que ser un superpoder.


En este vídeo (editado de una descarga de otra edición) he rescatado algunas de las escenas que más disfruté porque arranqué risas. En el post del día 8 de octubre (https://zetamentodo.wordpress.com/2013/10/08/mi-si/), podéis ver por qué significa tanto para mí.
Espero que lo disfrutéis.


Hace dos años que recuerdo el 8 de octubre de manera muy especial.

Aquel año fue sábado.

Llevaba meses ensayando con un grupo de teatro al que acababa de conocer. Ya nos seguíamos la pista mutuamente, pero aún no habíamos trabajado juntos de esta manera.

ImagenHacía unos meses que había recibido un e-mail bastante honesto de Nono preguntándome si le daba el sí a hacer un papel secundario en una obra que estaba preparando, confesando, además, que yo no había sido su primera opción. Agradecí a quien fuera que decidió no hacerlo para dejarme su puesto. Nada me entusiasmaba más que trabajar con quien, más tarde, se convertiría en mi mejor amigo. A él parecía pesarle no haber contado conmigo antes, pero nunca podrá imaginarse la sonrisa con la que leí su e-mail.

Había formado parte de un loco reparto de otra aventura en la que Nono apareció tarde pero a tiempo. Necesitaba trabajar con él de nuevo, con menos atropellos, o con más, ¿quién sabe? pero con más tiempo de disfrutar de su experiencia en las tablas.Imagen

Para entonces ya hacía 11 años que disfrutaba de subirme a un escenario al menos una o dos veces al año. Me había acostumbrado a trabajar de la misma forma, aunque había podido saborear la manera de trabajar de un grupo de Granada, en mi primer año de universidad.

Desde las primeras líneas del e-mail al que, por supuesto, dije que sí, ya supe que todo iba a ser diferente a lo que estaba acostumbrada a ver y a hacer. Sentí la fuerza, la valentía y las ganas de descubrirme a mí misma como hacía tiempo que no lo hacía.

Antes ya me habían dirigido otros, pero con él descubrí que una forma más acorde, personal y empática era posible. No sólo se ponía en la piel de cada personaje para dar sus indicaciones, sino que también lo hacía en la piel de cada uno de lo que estábamos allí, ajustando sus orientaciones a la personalidad de todos nosotros, a lo que nos podía y no nos podía pedir, con lo que nos sentiríamos cómodos, unificando persona y personaje en plena armonía.

Imagen

Y de esa manera se formó un grupo, sin nombre y sin apellidos como tal, pero con ganas de hacer lo que nos gusta. Un grupo de gente que disfruta del teatro y procura que sea realmente una afición, algo que nos dé motivos para reír y pasar un buen rato juntos.

En mis años de experiencia he pasado por diversas agrupaciones culturales y sé lo complicado que es conseguir un equilibrio entre todos los componentes. Siempre habrá alguien con quien seas más afín y otro con quien lo seas menos. Pero lo que sí saqué en claro del grupo de El sí de las niñas es que se puede conseguir un ambiente de eso tan desconocido que se llama fraternidad.

De allí me llevé la mejor experiencia interpretativa. He tenido papeles más intensos, más largos, más importantes. Sin embargo, el que hice aquí, ha sido el que más me ha marcado de todos, porque aunque no era uno de los que tenía más peso en la obra, con la ayuda de Nono supimos hacerlo grande. Yo, entre otras cosas, solía pensar que no iba conmigo hacer risas estudiadas. Y, de nuevo, se me rompieron los esquemas. Me tocó sacar, con Rita, mi personaje, el lado humorístico de la obra. Eran gracias sutiles y temblaba sólo de pensar que no sabría transmitirlas. A pesar de mostrarme insegura en este aspecto, lo pude hacer y el gran público que tuvimos la suerte de tener esa noche supo responder a todo con la mejor y más sana carcajada que ha llegado a mis oídos desde el patio de butacas.

Imagen

Me llevé, como ya he dicho, una experiencia sin igual a nivel artístico; el mejor comentario de mi padre al respecto y una amistad sin dobleces, entre otras cosas.

Y si estas palabras no han dicho lo suficiente,  lo dijeron mis lágrimas por ser la primera y también la última vez que he llorado a la bajada del telón. Lloraba de emoción, toda yo era un renacimiento. Así lo sentía y así ha sido que desde entonces no he hecho nada que no me recuerde a aquellos días de calor sofocante en el salón de actos de un instituto, a aquel ensayo en el teatro dando pasos grandes a los que teníamos que habituarnos en sólo un día, aquellas risas verdaderas, las pruebas, de vestuario, los chistes, los momentos entre bambalinas…  aquella complicidad por parte de todos.

Imagen

Gracias a todos y cada uno de los que lo hicisteis posible. A quienes me acercaron a Nono y a su familia, ya sea desde el carnaval o desde la banda del Cristo. Al público de aquel día. A mis padres, por venir adonde sea que se me antoje actuar. A Rafa, por las fotos tan acertadas con las que revivo aquellos momentos. A Manu, porque yo no te conocía y cuando salí a saludar tu aplauso sonó por encima de todos y supe que eras tú. A Enrique, que te dejaste en el aire el beso que te mandé cuando te vi de pie. A Raquel, que se conocía el teatro y se coló hasta detrás del escenario para abrazarme nada más terminar. A Arturo, que estuviste sin estar y me diste consejos que me valen para siempre. A Chele, por saber captar la esencia en cada vídeo y en cada foto y por consentirme resumir mi experiencia en 5 caprichosos minutos. Y a todo el reparto: Ana, Saúl, Marta, Merce, Pablo y Fernando, por darme la mano desde el primer día.

Entre todos me habéis demostrado que merece la pena esforzarse por mantener vivas las pasiones que nos mueven y nos mantienen erguidos. Aprendí que hay una forma mejor de trabajar cuando el objetivo no es más que el disfrute, tanto de uno mismo como de un público.

Cierto es que el aplauso es la mayor recompensa que te pueden dar cuando te involucras en una actividad como esta. Pero también es verdad que ese año yo ya me sentí premiada con el equipo con el que tuve el placer de trabajar.

Imagen



Vuelo sin motor

Creando ideas y echándolas a volar

Eugenia Sanchez's Blog

Just another WordPress.com site

La estantería de Núria - Reseñas de libros

¿De qué hablo aquí? Novelas. Cómic. Álbum ilustrado. Ensayo. Y, en general, cualquier texto que pase por mis manos.

Diccineario

Cine y palabras

Zarathustra Callao

Se me amontonan las palabras.

TODOPODEROSO

Sólo soy un humilde puto amo

La mirada volátil

"Lo único que nos tapará la boca serán los besos"