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Hace dos años y poco que me hice uno de esos cambios que se notan: me corté la melena. Y, desde entonces, no he podido dejar de hacerlo por necesidad. En estos dos años, he dado una imagen equívoca de persona a la que le gusta cambiar de look. Nada más lejos de la realidad: me aterran los cambios, tanto de tipo de corte como de color – de lugar de residencia ya hablamos otro día -.

#Mechonesolidarios

Yo siempre me he identificado con el pelo largo y natural. Antes de esta vez de la que hablo, solo lo había llevado corto en una ocasión y alguna que otra vez aporté un poco de luz con unos reflejos. Ese fue todo mi atrevimiento en 30 años.

¿Qué pasó entonces? ¡Me quemaron el pelo!

Recuerdo ir a la peluquería con algunos mechones bastante ásperos y ese era uno de los motivos – aunque el más importante es muy personal – por el que fui decidida a sanear. Claro que, para sanear algunos de los que están más cortos, por corte y por posición, no podrían no hacerme capas… ya empezamos mal. ¡Qué manía con desmontar!

“Te repaso luego un poco con la navaja”. De locos. “Y ponme unas mechas”. ¡Me mato!

Así empezó el desastre con el que llevo lidiando hace ya más de dos años.

¿Qué pasó? No lo sé. Pero al lavarme el pelo, si lo peinaba en húmedo, se deshacía porque se volvía elástico y se rompía. En seco, era áspero y difícil de dominar. Cada vez que me peinaba, volaban mechones por el aire y el lavabo parecía una pintura abstracta.

Cuando el pelo se pone así, por muchos productos que uses, solo se arregla cortando. Dada mi inseguridad con los cambios, lo hice de manera gradual. Perfectamente iba notando cuándo necesitaba cortarlo otra vez porque ya no podía manejarlo.

Aparte de cortar cada dos o tres meses, mantuve el pelo todo lo hidratado que pude con aceite de argán para hacer más fácil el peinado y evitar que se rompiera más. Evitaba también peinar con el pelo húmedo e intentaba recogerlo suavemente cuando hacía viento o llovía. Y, por supuesto, evitar usar la plancha y, siempre que el clima lo permitió, le di de lado el secador. También probé la henna quinquina y me fue bien. Pero nunca ocurrió un milagro ni con acondicionadores ni con mascarillas ni con suplementos alimenticios. El cabello se nutre desde dentro, desde fuera solo lo maquillas. El pelo que iba naciendo salía sano, así que no necesitaba más que paciencia para esperar a que creciera y poder cortar lo que afeaba al conjunto.

No exagero si digo que lo probé todo: aceites, champús sin sulfatos, mascarillas, trucos caseros… Pero al final lo único que valió fue cortar y cortar. Han sido dos años de cambios. Meses de gastar dinero en cortes – algunos más perceptibles que otros – y productos para disimular el desastre. En los blogs de gente que había pasado por lo mismo tampoco arrojaban mucha esperanza, pero encontré a quien hablaba con un poco de positividad aunque solo fuera porque se divirtió cambiando un poco. Y, dos años después, tal como hago yo, vino con su melena midi para contarlo.

Diciembre 2018


Hace tiempo que quería hablar de un asunto que tenía la depilación como tema secundario. Sin embargo, los hashtags de Twitter cambian mi agenda y el objetivo de mi publicación. Esta vez “#MiVelloMisNormas”.

97114e9e0a1018d0f979001692b28f96Este lema, que fue Trending Topic, procuraba hacer entender que la depilación debe ser una opción, y no una imposición social. En él, muchas chicas mostraban sus axilas o piernas depiladas o sin depilar. Pero claro, a menudo Twitter se convierte en un patio de colegio y lo que era una propuesta seria, se convirtió en caricatura.

A veces, cuando defendemos una postura en redes, caemos en nuestra propia trampa. Y es que no podemos pedir que se respete nuestra opción criticando la contraria. De ese modo, no estás pidiendo igualdad y tu reivindicación será objeto de burlas y de “pues tú más”. Y eso fue lo que ocurrió.

Co7XAfrWcAAb2pA.jpg-largePor un lado los que están deseando de soltar un “ya están aquí las feminazis” o provocar el enfado de personas que están hablando completamente en serio. El “nadie te obliga” me chirriaba como ninguna otra frase. Tal enunciado me hacía pensar que, vale, no hay una ley que me obligue a depilarme por ser mujer, pero sí es cierto que no está socialmente aceptado que algunas tengan (tengamos) vello en según qué zonas y/o cantidades. He visto a niños de 10 años reírse de una niña muy morena porque tenía bigote. He visto a adultos decirle a una mujer que no está bien depilada, que parece un tío o peor, un animal (mono, oso…) y un montón de cosas más. Y volvemos al “pero nadie te obliga”, perfecto, pero tampoco te van a dejar sentirte cómodo si no te ajustas a un talla, a un estilo, a una moda…

8a973331ca88b8e10627641ff67b254aY leo hoy “un canon de belleza no es una imposición”. Nos demos cuenta o no, un canon es un precepto cultural y un precepto es una norma. Se puede cumplir o no y hay quien no tiene más narices que aceptar que no encaja en ellos por anatomía o cualquier otro motivo.
Tenemos refranes como “El hombre y el oso, cuanto más vello, más hermoso” asumiendo que el vello corporal en el hombre es o era símbolo de masculinidad. O aquel que dice “Si hay pelito, no hay delito” haciendo alusión al sexo, ya sea por la zona en concreto de una mujer o por la práctica en sí. Pero los tiempos cambian también para esto. Recuerdo en una conversación con personas de edadesimages4 comprendidas entre los 20 años y los 50 en la que una de las más mayores dijo “a mí me gusta tener vello en el coño y ser una mujer como dios manda, no una Nancy“. Nos quedamos un poco sorprendidas y, al menos yo, pude comentar con otra chica del grupo de más o menos mi edad que qué pena que alguien pueda pensar que la cantidad de vello púbico determina lo mucho o poco mujer que eres, del mismo modo que se impuso mediante un refrán lo del hombre y el oso. Muchas personas de mi generación optan por depilarse todo y podemos encontrar un sinfín de métodos, así como artículos que apoyan tanto una opción, como la otra, así como que consideren peor hacerlo que no hacerlo, y viceversa.

Por otro lado, me encontré también gente que mostraba su opción depilada o sin depilar para fomentar el hecho de que el hashtag acogía a ambas, pero siempre había alguien diciendo “qué asco” si había pelo o “qué antinatural” si no lo había. Y también hay que incluir a aquellos que hablaban de higiene acusando de faltarles un agua a quienes elegían una alternativa diferente a la suya.

depilacion_1La depilación, sea o no motivo de moda, es algo personal. Y, nos sorprenda o no, esta práctica se remonta a tiempos lejanos en los que depilarse era símbolo de pertenecer a una clase social alta y eran los hombres quienes más se preocupaban por hacerlo. Se estile lo que se estile, la decisión de seguir el camino marcado o no, es de uno mismo. De no seguirlo, hay que estar muy preparado para que te señalen por ser diferente.

La mejor opción, en definitiva, es la que tú, hombre o mujer, elijas. La elección con la que aciertes será siempre la que sea mejor para ti. Nadie puede obligarte a hacer una cosa o dejar de hacer otra en un tema tan personal.

Si lo haces por salud, es asunto tuyo.

Si lo haces por estética, es asunto tuyo.

Si lo haces por principios, es asunto tuyo.  tumblr_n3k4t37jS01qcyba0o1_250



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