Archivo de la etiqueta: mierda

El carnaval local es algo de lo que entiendo más de lo que demuestro, incluso más de lo que quiero que se sepa. De hecho, sé tanto, que ya no me gusta.

Lo sigo desde hace años desde mi sillón de acariciar al gato que no tengo. Lo veo con mis gafas de ver de lejos el ridículo.

Todo carnaval local cuenta con sus clichés: una chirigota malvestida de mujer (asumo el riesgo de que me llaméis feminazi, pero debéis saber que no nos hacéis ningún favor…), su pasodoble al político de turno, la declaración de amor mío de mi corazón, y una parte del repertorio en la que quede claro lo orgullosos que estamos de ser de donde somos (que si hubiéramos nacido en otro sitio, lo repitiríamos con muy pocas modificaciones).

El espectáculo grotesco no (siempre) lo ofrece el repertorio, sino los componentes, para los que prima la competitividad sobre el compañerismo. En la mayoría de los casos es un concurso con un premio metálico mínimo (si es que lo hay…), pero hay que ganarlo a toda costa y caiga y quien caiga. He visto dedicar parte del repertorio a menospreciar a otras agrupaciones, he visto reclamar un premio bases en mano agarrándose a una interpretación ambigua del contenido… he visto bien, con esas gafas que os dije.

Quien no gana, se aferra a la idea de lo injusta que es su posición tras tantos meses de ensayo y dedicación que son, día arriba, día abajo, los mismos que le han dedicado los que quedaron por encima y los que quedaron por debajo. Como en todo, las agrupaciones se clasifican en dos grupos: los malos, y los nuestros.

Unos a otros se animan diciéndose que es que había mucha calidad, que todos son igual de buenos, cuando en realidad todas las disputas, y no sólo aplicadas al carnaval, se solucionarían admitiendo que todos somos la misma mierda.

 


Hace unos meses escuchaba un tema nuevo en la radio de camino a casa de Fany.  Cuando llegué, le comenté que me había gustado una tía que cantaba “te quiero con tu mierda”, pero no sabía quién era.

2584955-728015-musical-instruments-guitars-and-violin-black-and-white-abstract-vector-illustration-string-instruments-and-music-notesLa reacción escuchándola fue muy cambiante. Al principio fue de “me gusta esta voz”. De hecho, me recordó a la única chica de uno de esos programas de “talento” que consiguió que continuara siendo fiel al programa cada semana hasta que se fue. Estaba convencida de que era Laia, de la primera edición de El Número 1. Me gustan esas voces que parecen de amanecida. Me gusta que parezca que no hay esfuerzo al cantar, pero a la vez se note el trabajazo y la fuerza que hay detrás de todo eso. Todo esto sin saber yo de música…

Encontré en Rozalen a alguien que decía las cosas de manera diferente.

Que no es tu signo positivo el que invierte en conflictivo las cosas del querer…

Pero más adelante diría:

                Y si tengo que gritarte lo que siento: te digo que te quiero con tu suerte, con tu mierda, con pasado, con presente, con o sin enfermedad.

ImagenNo es que me escandalice la palabra mierda en ningún contexto. Es que de pronto sentí como que se ensuciaba la canción. Es como un brochazo mal dado en Las Meninas de Velázquez. Es el trozo de suelo que desde lejos se ve que se quedó sin fregar. No pasa nada, todo lo demás es bueno, pero es que hay un borrón. Hay una mierda en mitad del paseo marítimo y encima la tengo que pisar. Me han servido mi pastel favorito, pero venía con una cucaracha.

Claro que, eso es una minuciosidad si lo comparamos con que en 1990 Juan Luis Guerra triunfó con una canción cuyo título ya es vomitivo: La Bilirrubina. Un tema bailable al ritmo de merengue. Una canción de amor que incluye palabras como catéter e insulina y que todos seguimos bailando sonrientes en bodas, bautizos y comuniones. ¡Menuda mezcla! Gente de fiesta que baila y canta las palabras de alguien que cuenta su pena del otro día en la enfermería.

Conste que yo no estoy diciendo que eso esté ni bien ni mal. No voy a criticar algo si yo no soy capaz de hacerlo mejor. Sólo expongo las sensaciones que me provocó.

También es cierto que mucho más criticables son los temas sexistas por antonomasia del reggaetón. Pero es que del reggaetón no espero nada. Sin embargo, de los primeros acordes y las primeras letras de Comiéndote a Besos de Rozalen, esperaba que fueran parte de mi canción de 2013. Y no lo ha sido.


Últimamente observo de cerca a las malas personas. Por mucho que quieras, están ahí. No sabría decir cuántas me rodean ni si tengo o no algún vínculo con todas, con algunas o con muy pocas. Aún sólo estoy empezando y, con pocos minutos, considero que les he dedicado más tiempo del que merecen. Pero no lo hago por ellos, sino por mí, para hacerme un escudo a medida.

En mi investigación, he indagado en los tipos de “mala gente” que existen y me sale la siguiente clasificación:

  1. Los que lo son, lo saben y se esfuerzan porque lo sepan los demás.
  2. Los que lo son, lo saben y se esfuerzan porque lo sepan los que le van a apoyar porque también lo son.
  3. Los que lo son, lo saben y quieren que parezca que no lo son.

Los más fáciles de detectar son, evidentemente, los del grupo 1, pero los más abundantes y peligrosos son los de los grupos 2 y 3. “Peligrosos” es un decir. El grado de peligro, es decir, el poder que tienen estas personas dependen del que nosotros mismos le demos. Cómo respondamos a un ataque de estos individuos dice mucho de nosotros mismos y suma o resta en la tabla de “puntuación de malote” que tienen pegada con un imán de gatitos en su nevera.

190

Hoy en día, hay gente que se retrata a sí misma en las redes sociales. La más “impersonal”, donde casi todo el mundo se crea un personaje, es twitter. Pero es, a la vez, la más personal, donde mucha gente saca su mierda a relucir. Me he encontrado con alguien que aplaudió un ataque hacia alguien que no conocía por parte de alguien a quien tampoco conoce. Esta misma persona, acabó llorando en la misma plataforma porque habían atacado a un colega suyo. Alegaba, en el momento en el que le tocaron a uno de los suyos, que está mal hacer daño a otros. Por otro lado, preguntaba por cómo podía hacer uso de esa plataforma de manera anónima, pero que no era para causar ningún mal a nadie. ¿Cómo se utiliza con fines benéficos (y de forma anónima) una plataforma que, desde su inicio, se creó para dar mala imagen de unos y de otros? Hablo, sin duda, de una mala persona del tipo 3.

La persona que creó esa aplicación, es un cobarde del tipo 1, porque ni siquiera lo hace en nombre propio, como muchos de los malos malísimos de este tipo. Y, de hecho, está cayendo en su propia trampa. Si quien juega con fuego, se quema; quien remueve mierda, acaba pringado hasta las cejas.

Quienes apoyan, aportan, atacan, aplauden… lo hacen, en su mayoría, de manera discreta, para echar unas risas maléficas con sus coleguitas “los diablillos pillados en calzoncillos”, que saben que pueden ser los siguientes, traicionados, probablemente por uno de ellos mismos. Tipo 2.

Si tuviera que elegir ser mala persona de uno de estos tipos, no sé si quisiera ser del 1, que no te da otra opción más que rodearte de más escoria; del 2, que continuamente se está poniendo la zancadilla y acumula ya barro seco en el hocico; o, del 3, que vive con la pena de saber lo hipócrita que es, de no poder compartirlo, y con la presión de tener que recordar en todos los embolaos que se mete con el fin de maquillarlos bien para que, al final, siempre se le queden churretosos.

Hice este análisis, el cual me llevó sólo unos minutos, de manera accidental, para una entrada en el blog. La conclusión más cierta a la que he llegado, es que si sigo indagando en este asunto de la mala leche, tendré que empezar a buscar editorial.

¿Y tú, qué tipo de malote crees que eres? ¿Incluirías algún otro tipo en esta clasificación? Házmelo saber en tus comentarios.

Gracias, buena persona.



Vuelo sin motor

Creando ideas y echándolas a volar

Eugenia Sanchez's Blog

Just another WordPress.com site

La estantería de Núria - Reseñas de libros

¿De qué hablo aquí? Novelas. Cómic. Álbum ilustrado. Ensayo. Y, en general, cualquier texto que pase por mis manos.

Diccineario

Cine y palabras

Zarathustra Callao

Se me amontonan las palabras.

TODOPODEROSO

Sólo soy un humilde puto amo

La mirada volátil

"Lo único que nos tapará la boca serán los besos"