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Va a hacer casi dos meses que hice El Camino de Santiago. Cuando lo digo así, quienes no saben de qué va esto, preguntan: “¿¡ENTERO!?”. El Camino es camino tan incompleto como tú lo elijas. Suma tanto como quieras y haz que sea tuyo.

IMG_9368Hace ya un año que empezó la aventura, cuando en un paseo improvisado, antes de partir una vez más hacia los destinos desconocidos a los que nos lleva la interinidad, nos dijimos que lo haríamos juntas y ambas dijimos que sí. Todavía me sorprende que lo dijéramos, sobre todo yo, que nunca tuve esa idea en mente como algo que tachar de la lista de cosas que quiero hacer en la vida. Pero Carmen sí y, allí mismo, dijo que lo quería hacer conmigo. De pronto se convirtió en algo que añadir en el repertorio de mis objetivos a corto-medio plazo. Un monosílabo te cambia a veces la perspectiva y modifica los datos de tu biografía. ¡Cuánto de verdad habrá en lo que he dicho si consideramos que con un “sí” se acaba casando mucha gente!
Si tienes pensado hacer El Camino, hazlo lo más tuyo posible. Déjate aconsejar, pero toma tus propias decisiones. A través de Carmen y de ellos mismos, recibí las recomendaciones de Sergio y Bego, además de las de Luis y de Juan Diego, que el año anterior lo habían vivido y difundido en sus cuentas de Facebook. Siempre nos cuidan. Por eso atendimos a cada palabra de aquel párrafo en Whatsapp. Y una frase decisiva: “haz tu camino”. IMG_9446En un despliegue de consejos, esa fue la clave. Era una manera de hacernos entender que la experiencia iba a ser nuestra, porque cada vivencia es única, que nos ofrecían un abanico de consejos y que podíamos coger desde todos a ninguno. Pero hay que escuchar a los que han pasado ya por eso, aunque luego tomes tus propias decisiones de acuerdo con tus experiencias previas.

Y una vez hecho, ¿qué me gustó?

  • El olor a eucalipto húmedo. La pisada sobre sus hojas. El confort de mis pies cansados sobre esa maleabilidad después de caminar por piedras o asfalto.
  • Saber dónde están mis límites, aprender a escuchar a mi cuerpo, conocer mi fortaleza.
  • Madrugar sin esfuerzo. Increíble, pero cierto.
  • Las conversaciones sin prisa.
  • Los silencios.
  • Sus “mi camino eres tú” cuando le pedía a Carmen que siguiera su camino porque no le seguía el ritmo.
  • Los espontáneos que se unen a tu caminar.
  • Cenar fruta por placer.
  • Compartir.

¿Qué no me gustó?

  • Las esperas por quienes creen que las fotos son lo más importante. Si no hay foto, no has estado. Si no publicas que haces cosas, es como si no las hicieras. A menudo alguien te ralentizaba porque estaba retransmitiendo sus pasos móvil en mano. En los puentes todo el mundo quería foto. Y no sé por qué, tan de redes como soy yo, preferí vivirlo para mí, para nosotras. Haz tú camino, pero intenta no entorpecer el de otros.
  • La competitividad, porque sí, porque aunque hay pocos, algunos viven de recordarte que otra gente hace más kilómetros, más veces y en menos tiempo que tú. El “stop fake Sarria pilgrims” es parte de esa competición que se olvida de aquello de “la meta es el camino”. Pero vaya, haz el camino que te haga más feliz. Si jactarte es tu objetivo, hazlo, pero es una pérdida de tiempo porque resulta que cada uno está haciendo el suyo y tiene sus propias metas.

El Camino es un intensivo de la vida, solo que este lo has planeado tú. Y ni por esas sale como tú esperas. La vida, ¿no? El Camino exige diligencia, por eso las decisiones han de ser tomadas cuanto antes, porque no tienes tiempo que perder. Aprenderás a identificar y desprenderte de lo que te hace daño, de lo que te pesa; a pararte y respirar, a entender las veces en las que pararse a veces duele y aquellos momentos en los que parar es vital. A comer lo que necesitas cuando lo necesitas, a descansar más durmiendo menos, a soportar el dolor… Sabrás deshacerte con más o menos diplomacia de la gente que no te aporte. Querrás permanecer al lado de los que sí suman. Serás prudente eligiendo quién te acompaña. Y, con suerte, todo esto te lo llevarás como aprendizaje para tu día a día, al que nosotras volvimos con un par de zapatillas menos, una amistad reforzada y una vivencia que alecciona.

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