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Va a hacer casi dos meses que hice El Camino de Santiago. Cuando lo digo así, quienes no saben de qué va esto, preguntan: “¿¡ENTERO!?”. El Camino es camino tan incompleto como tú lo elijas. Suma tanto como quieras y haz que sea tuyo.

IMG_9368Hace ya un año que empezó la aventura, cuando en un paseo improvisado, antes de partir una vez más hacia los destinos desconocidos a los que nos lleva la interinidad, nos dijimos que lo haríamos juntas y ambas dijimos que sí. Todavía me sorprende que lo dijéramos, sobre todo yo, que nunca tuve esa idea en mente como algo que tachar de la lista de cosas que quiero hacer en la vida. Pero Carmen sí y, allí mismo, dijo que lo quería hacer conmigo. De pronto se convirtió en algo que añadir en el repertorio de mis objetivos a corto-medio plazo. Un monosílabo te cambia a veces la perspectiva y modifica los datos de tu biografía. ¡Cuánto de verdad habrá en lo que he dicho si consideramos que con un “sí” se acaba casando mucha gente!
Si tienes pensado hacer El Camino, hazlo lo más tuyo posible. Déjate aconsejar, pero toma tus propias decisiones. A través de Carmen y de ellos mismos, recibí las recomendaciones de Sergio y Bego, además de las de Luis y de Juan Diego, que el año anterior lo habían vivido y difundido en sus cuentas de Facebook. Siempre nos cuidan. Por eso atendimos a cada palabra de aquel párrafo en Whatsapp. Y una frase decisiva: “haz tu camino”. IMG_9446En un despliegue de consejos, esa fue la clave. Era una manera de hacernos entender que la experiencia iba a ser nuestra, porque cada vivencia es única, que nos ofrecían un abanico de consejos y que podíamos coger desde todos a ninguno. Pero hay que escuchar a los que han pasado ya por eso, aunque luego tomes tus propias decisiones de acuerdo con tus experiencias previas.

Y una vez hecho, ¿qué me gustó?

  • El olor a eucalipto húmedo. La pisada sobre sus hojas. El confort de mis pies cansados sobre esa maleabilidad después de caminar por piedras o asfalto.
  • Saber dónde están mis límites, aprender a escuchar a mi cuerpo, conocer mi fortaleza.
  • Madrugar sin esfuerzo. Increíble, pero cierto.
  • Las conversaciones sin prisa.
  • Los silencios.
  • Sus “mi camino eres tú” cuando le pedía a Carmen que siguiera su camino porque no le seguía el ritmo.
  • Los espontáneos que se unen a tu caminar.
  • Cenar fruta por placer.
  • Compartir.

¿Qué no me gustó?

  • Las esperas por quienes creen que las fotos son lo más importante. Si no hay foto, no has estado. Si no publicas que haces cosas, es como si no las hicieras. A menudo alguien te ralentizaba porque estaba retransmitiendo sus pasos móvil en mano. En los puentes todo el mundo quería foto. Y no sé por qué, tan de redes como soy yo, preferí vivirlo para mí, para nosotras. Haz tú camino, pero intenta no entorpecer el de otros.
  • La competitividad, porque sí, porque aunque hay pocos, algunos viven de recordarte que otra gente hace más kilómetros, más veces y en menos tiempo que tú. El “stop fake Sarria pilgrims” es parte de esa competición que se olvida de aquello de “la meta es el camino”. Pero vaya, haz el camino que te haga más feliz. Si jactarte es tu objetivo, hazlo, pero es una pérdida de tiempo porque resulta que cada uno está haciendo el suyo y tiene sus propias metas.

El Camino es un intensivo de la vida, solo que este lo has planeado tú. Y ni por esas sale como tú esperas. La vida, ¿no? El Camino exige diligencia, por eso las decisiones han de ser tomadas cuanto antes, porque no tienes tiempo que perder. Aprenderás a identificar y desprenderte de lo que te hace daño, de lo que te pesa; a pararte y respirar, a entender las veces en las que pararse a veces duele y aquellos momentos en los que parar es vital. A comer lo que necesitas cuando lo necesitas, a descansar más durmiendo menos, a soportar el dolor… Sabrás deshacerte con más o menos diplomacia de la gente que no te aporte. Querrás permanecer al lado de los que sí suman. Serás prudente eligiendo quién te acompaña. Y, con suerte, todo esto te lo llevarás como aprendizaje para tu día a día, al que nosotras volvimos con un par de zapatillas menos, una amistad reforzada y una vivencia que alecciona.

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El pasado mes observé que en la playa de Quarteira no se hace topless. En Portugal  y en España no hay una ley que lo prohíba, pero sí un acuerdo no verbal que hace que no saques las tuyas a pasear si no hay otras tetas al aire antes. Cuál es mi sorpresa cuando, al pasar unos días en Almuñécar veo que tampoco se hace topless ya. No es algo tan explícito como en Quarteira, pero es bastante evidente que algo ha cambiado.

Corría el año 2010 la primera vez que lo hice yo estando con gente. Pasaba unos días con unas nuevas amigas que, según pisaron la arena, se fueron quitando la ropa y se remetieron la parte de abajo del bikini por arriba y por los laterales. Yo hice lo mismo, era mi primera escapada con ellas y no quería parecer rarita. Aunque me sentía más cómoda si me “vestía” para bañarme y luego me volvía a quitar el top para secarme en la toalla.

Año 2011. Tenerife. Aprovechamos que nos aceptan en un curso becado y nos quedamos una semana más. Las chicas que conocemos de allí hacen topless siempre y llevan tanga a la playa. Nos llevan a bañarnos al mar, al que se accede bajando una escalera metálica – como de piscina – desde una calle empedrada con casas en la otra acera. Pasan coches y personas y mis amigas están en tanga. Nadie mira, nadie sexualiza. Es divertido y natural.

Año 2012, conozco a persona nueva que me acompaña y me anima a quitarme el bikini siempre que me dé la gana sin estar pendiente de si en esa zona hay más mujeres que lo hacen. Es liberador.

Año 2018. Por motivos personales-profesionales, decido no hacer topless a menos que sea en una playa poco concurrida (donde además vea tetas), o alejada de lugares donde me puedan conocer o en una cala perdida. Conclusión: no hago topless.

Este año he visto más niñas pequeñas con el bikini completo que antes. He visto cómo la moda impone de nuevo el bañador (después del trikini) con mucha tela. Incluso bañador tanga (porque el culo sí está bien visto), pero con una buena cantidad de tela cubriendo pecho y espalda. Trajes de baño de diseño, de colores vivos, con volantes, con flecos, o  con algo original escrito para fomentar una moda beachwear y estar a la última también en plena naturaleza. A sabiendas de que esta frase me hace mayor, me atrevo a decir que yo no conocía más beachwear que una camiseta vieja y la toalla al hombro.

Y es este mismo año cuando Aitana Ocaña  (19 años, finalista de #OT2017) ve la necesidad de explicar que no estaba haciendo topless en una foto con sus amigas cuando la mayoría de los comentarios que recibe tras su publicación son reprobatorios, porque “¿cómo se te ocurre”, Aitana?. De alguna manera, ella siente el compromiso de dar una explicación y así lo hace. Aclara que sólo se desabrochó la parte de arriba para que se viera la foto más bonita,  que de todos modos no se atreve a hacer topless desde que es tan conocida y que sólo son unas “tetas con sus correspondientes pezones”. Pero claro, es que hemos crecido con una revista (ya retirada) que exhibía tetas como reclamo en su portada y escuchando a otros debatir sobre si la portada de ese mes era un robado o era un posado y juzgar a la protagonista en función de la resolución. Con la llegada de la cámara digital, y más estando desde hace años incorporada a nuestros dispositivos móviles, el riesgo de ser fotografiada y, a consecuencia, la sensación de pérdida de intimidad es aún mayor.

La censura en redes sociales es tan ambigua como extrema hoy día y nos encontramos con que no puedes subir un desnudo, un culo y mucho menos una teta porque te borran la foto (como poco) y te cierran la cuenta. Especialmente si tienes una cuenta pequeña, que para todo hay clases. Puedes subir cualquier tipo de foto desagradable, puedes subir un animal reventado, un vídeo violento… pero un pezón femenino, ¿¡cómo se te ocurre!?

Al hilo de lo que digo he visto varias protestas y aquí van mis favoritas:

  • fa416a99e23091bf527a67c6fdab11a3La camiteta (click para ver más): Una camiseta con tetas dibujadas a modo de garabato y otra que manifiesta la censura con dos equis en los pezones. Que bien puede representar el símbolo con el que algunos tapan pezón femenino en redes o el esparadrapo que algunas chicas se ponen cuando no llevan sujetador para que no se les marque el pezón (sí, hija, sí…).
  • The Tata Topimagesun bikini top sin relleno y con pezones y colores realistas que a simple vista hace que parezca que no llevas nada. Y no es tan sólo una marca, es todo un movimiento en contra de la censura del pezón femenino. Recomiendo seguir su cuenta de Instagram, en la que – además de exhibir la prenda – publicaron la experiencia de una mujer a la que denunciaron sus vecinos por tomar el sol en su jardín sin la parte de arriba. Cuando llegó la policía a su casa, les abrió con el TataTop y ganó la batalla.
  • mannipsEl movimiento #FreeTheNiple -cuyo hashtag utilicé en una foto sin pezones en Instagram y me advirtieron de que sólo con eso me podían denunciar la publicación -, que lucha en contra de los tabúes legales y culturales que tienen al pezón femenino en su punto de mira.
  • Captura de pantalla 2018-09-02 a las 20.21.59El anuncio argentino explicativo sobre la autoexploración para la detección temprana del cáncer de mama que utiliza a un hombre con el torso desnudo porque mostrar el de la mujer sería inmoral.
  • La noticia falsa (que no he logrado encontrar) de una app para superponer un pezón de hombre sobre una foto que exhiba los pezones de una mujer con el objetivo de que no sea retirada. Incluye varios ejemplos de lo absurdo, ya que la mera areola y el pezón masculino propuesto, sabemos que es masculino porque alguien nos ha dicho que lo es. Y porque las fotos con un pezón de pega son, cuanto menos, absurdas, como lo es esta censura.

Tetas, no son más que tetas con sus correspondientes pezones, sin embargo, sospecho que nos queda mucha lucha. La censura – que da lugar a la autocensura de quienes nos creemos mujeres libres – senos ha ido de las manos.


Anoche me acosté con una noticia extraoficial y osada que afirmaba que hoy iba a ocurrir una tragedia enorme en un lugar que ya ha sido escenario de algo terrible en varias ocasiones. Por un lado, iba a morir una chica. Por otro, iban a morir miles de personas.

Madrugada del día 27 de julio de 2016. Como no me duermo, ojeo Twitter. Son las 3 de la mañana y alguien retuitea un tweet con mucha repercusión en el que una chica analiza uno a uno los gestos sospechosos de la youtuber británica Marina Joyce. Hasta la fecha, no había oído hablar de ella y no me habría interesado lo más mínimo si no fuera por el análisis exhaustivo de la tuitera española (paso de darle repercusión) y los comentarios que seguían a sus tweets.

¿Quién es Marina Joyce?  No me la voy a dar de experta, ya que no hace ni 24 horas aún que oí hablar de ella por primera vez. Es una vloguera de moda y belleza que, como muchas, enseña sus vestidos, explica su rutina de maquillaje y responde a las preguntas de sus seguidores.

¿Cómo empezó el lío? No sé muy bien quién lo empezó, pero es evidente que ha habido un efecto dominó hasta en las más absurdas de las creencias. Sus subscriptores empezaron a notar un cambio de actitud bastante obvio en sus publicaciones. Algunos dejaban comentarios del tipo: “¿Estás bien?” En sus últimos vídeos (todos terriblemente editados) ha aparecido con la mirada perdida, pestañeando con mucha frecuencia, cambiando el gesto de la alegría a una aparente tristeza, cambiando de un tema a otro o repitiendo las mismas frases una y otra vez. Por si no fuera poco, aparece con grandes moratones, también indiscutibles, en brazos y piernas.

¿Qué ocurre en las redes? La noticia salta a Twitter e Instagram, donde Marina también tiene cuenta y sus seguidores empiezan a especular y a comentar entre ellos que posiblemente actúe en contra de su voluntad. Es así como comienzan las peticiones a modo de reply diciéndole: “si necesitas ayuda haz tal o cual cosa”. La expectación aumenta cuando algunos de las peticiones coinciden con sus gestos habituales como “haz un corazón con las manos” o “pon un gatito en tu bío”. Y así surgen los montajes con el comentario y el gesto en cuestión interpretando que necesita ayuda. Y, lo que es más, los análisis de cada uno de sus vídeos, tweets, imágenes, palabras y miradas.

¿Qué vi yo? Vi la evolución de Marina, de una chica joven alegre a una chica enajenada. Vi los moratones y la escopeta y vi muy claro que la joven youtuber está pasando por muy mal momento.

No supe, porque me falta información, si son malos tratos ni por parte de quién, si es un asunto de droga, si es un secuestro o si es esquizofrenia. No lo puedo saber. Ni yo, ni los nuevos expertos que creen que lo son porque supieron abrir una cuenta en una red social. Vi cómo los demás desvariaban interpretando el reflejo que se proyectaba en su pupila. Vi cómo compartían fotos de su pareja (que no tiene cuenta en Twitter) acusándole de maltratador. Vi que anoche Marina tenía 60.000 seguidores y ahora mismo va camino de los 300.000. Escuché el terrible susurro de “help me” y vi el dedo ajeno en pantalla. Y, ojalá no me equivoque, pero me parece buena la explicación de la madre que dice que era ella que llegaba a casa diciendo bajito “Hello. Me.”.

¿Qué vieron los demás que no vi yo?

Los demás vieron que la escopeta no estaba ahí, luego está y luego desaparece. Marina cambia en tres ocasiones la posición de la cámara. La escopeta no deja de estar, sólo que el plano deja de abarcar la parte del mueble donde está apoyada. Vieron una máscara de hombre que, si bien en la imagen es un poco difusa, en el vídeo se ve claramente que es la cabeza de un oso de peluche. Vieron en el reflejo de sus ojos que alguien le levantaba el brazo, cuando se observa en sus ojos siempre la misma figura de la cámara que le enfoca desde delante de una ventana.El efecto óptico de una figura que levanta el brazo lo provoca el color de su pupila al mirar hacia donde yo supuse que habría un monitor en el que ella podía ver lo que estaba grabando. Donde yo supongo que está el monitor y donde se mira continuamente, es donde otros supusieron que había una persona amenazándole o dándole órdenes.

Los demás vieron que cada vez que Marina decía “estoy bien” era una clara señal de socorro, que no podía ser ella quien llevara la cuenta en ese momento porque decía que estaba bien, pero no lo estaba. Y lo intentaban solucionar con un “dime que eres tú, Marina” y Marina contestaba: “soy yo”. Y quien hizo la petición decía: “no puede ser ella, ha dicho ‘soy yo’ y Marina lo habría dicho de tal o cual forma”. Vieron que cuando Marina decía que no llamaran a la policía, que no fueran ridículos, ella estaba pidiendo que llamaran a la policía.

¿Cómo evolucionó la historia?

  1. Marina está mal. Marina se droga.
  2. Marina tiene moratones. Son autolesiones. Marina tiene problemas psicológicos.
  3. No son autolesiones, su novio le pega, tiene cara de maltratador (¿cómo es la cara de un maltratador?).
  4. Marina mira fuera de cámara constantemente. Alguien la vigila.
  5. Su novio la tiene secuestrada. #SaveMarinaJoyce
  6. Marina va a morir porque su secuestrador puede ver la repercusión que está teniendo la historia. Tenemos que hacer algo. Haz Rt.
  7. Marina anima a la gente a ir a una fiesta a las 6:30 de la mañana (no dice el día) y la gente llama a la policía porque eso significa atentado terrorista porque puede que haya sido secuestrada por yihadistas y la hayan obligado a convocar a la gente allí.
  8. Marina aclara que la fiesta es el día 3 de agosto (había ya evento en Facebook y es una rave matinal que se hace todos los años). La gente sigue diciendo que no vaya nadie, que allí murió gente hace años.
  9. Marina hace un vídeo para tranquilizar a sus seguidores, pero tose y se emociona. En la tos todo el mundo entiende “help me”.
  10. Marina tiene 10.000 seguidores más en lo que tardo en escribir esto.

Datos y conclusiones:

Familiares de la joven han reconocido que ha habido problemas relacionados con las drogas y que está en manos de profesionales. Sea como sea, es muy probable que esa parte de su vida no quiera compartirla del mismo modo que esta mañana hizo un vídeo en directo diciendo que sí que hay una historia detrás de los moratones, pero que no la quiere compartir porque, ¡ojo!, el hecho de que hagas pública una parte de tu vida no significa que el resto de la misma también lo sea. Con respecto a su familia y su novio, debe ser muy desagradable enfrentarse a acusaciones tan graves que te convierten de pronto en secuestrador y/o maltratador de tu propia hija o de tu pareja.

Por mucho que ella o sus amigos publiquen en redes suplicando que se dejen de tonterías, la gente que ha pasado la noche especulando por preocupación real o por subirse al carro de la corriente de moda, se aferra únicamente a teorías que apoyen las suyas, retuiteando y contestando a quienes les da la razón o les aporte otro reflejo de una silueta en un marco de fotos en una captura de un vídeo borroso.

Y, por último, da miedo pensar tanto que las hipótesis de maltrato o secuestro se confirmen como que se confirme el hecho de que haya sido una interpretación de Marina para tener más repercusión. Por no hablar del hecho de que nada de esto sea verdad y empecemos a ser conscientes del alcance que tienen las redes sociales. ¡Ojalá supiéramos usarlas a conciencia!


Quien te dice “pasas demasiado tiempo en las redes”, pasa mucho tiempo mirando qué haces tú en las redes.

Lo escribo porque me ha pasado y como lectura de un comportamiento común.
Deberíamos tener más pudor, como el que se encuentra a un familiar en un prostíbulo y decide no contar nada, porque el hecho de acusar a otro le acusa a sí mismo de haber estado allí.

¿Paso mucho tiempo en las redes? Sí, todo el que quiero y, además, me quejo de que apenas tengo tiempo para mí. Y ambas cosas son ciertas. Las redes quitan todo el tiempo que tú dejes que te quiten. No puedo decir el número de veces que entro a mirar twitter o facebook – más el primero que el segundo – pero son bastantes. A veces, incluso muchas. Pero yo decido cuándo es suficiente. Si abro una app. a las 12 y otra vez a las 12:30 y luego a las 15:00, no significa que lleve tres horas conectada. Y, si fuera así, sería sólo problema mío.
Antes – y ahora en algunos casos también – ese tiempo se le dedicaba a la tele, pero tú podías contar cualquier milonga como “he estado todo el día limpiando/estudiando/trabajando/cocinando” o cualquier otro gerundio socialmente aceptado, y todos contentos. Porque la televisión no tiene un chivato que indique cuántas veces la has encendido ni cuándo fue la última conexión. Y, de tenerlo, quedaría en casa, no en los dominios de cualquier otro ser con el mismo equipo.

Mi querida @PinkyGrace, a quien más quiero mientras más conozco, contaba que ella trabaja enfrente del ordenador. Es tentador, claro. Es, además, autónoma y tiene abiertos los documentos necesarios para su trabajo y el Twitter. Publica muchas cosas y hay calidad en sus tweets. Y trabaja, y tiene familia, y sale a la calle… ¡Menuda loca irresponsable esclava de twitter! (Aclaro, por si acaso, que la frase anterior es una ironía). Yo a veces estoy estudiando y me estoy tomando un té. Coger la taza me distrae. ¿Lo veis? No hay pecado, somos personas activas y trabajadoras.

Lo malo, paradójicamente, de las redes es que son públicas. Lo de ajustar la privacidad tiene sus límites y es que sólo Whatsapp lo ha sabido hacer hasta ahora, dejando que elijas si quieres que se vea tu última conexión o no. Ídem con el famoso doble check azul, que ya también puedes decidir si quieres que se muestre cuándo has leído un mensaje o no. Whatsapp, que llegó la última y se ha puesto la primera, ha visto necesarias estas opciones porque somos unas incorregibles viejas del visillo.

¿Cuándo decirle a una persona que pasa mucho tiempo en las redes? De muy pocas veces a nunca.

– Si una persona tiene un comportamiento obsesivo o perjudicial y tienes confianza con ella, puedes recomendarle otras aficiones, sugerirle que puede estar perdiéndose una parte muy bonita de su vida por vivir tan de lleno la vida virtual. Puedes recomendarle que visite a un especialista, pues es cierto que puede ser adictivo. Pero, seamos coherentes, díselo en una visita a su casa, y no en un mensaje privado desde tu móvil.

– Si lo que pasa es que escribe con mucha frecuencia y a ti te parece demasiado. El problema es más bien tuyo. Elige entre tantas opciones que te ofrece la intranet y opta por la que más te convenga:

  • En Facebook: ocultar una publicación en concreto, ver menos publicaciones de esa persona en particular, dejar de seguir o dejar de ser amigos. ¡Ey, que la vida sigue! El unfriend en Facebook no significa enemistad en la vida real.
  • En twitter: silenciar, desactivar retweets, dejar de seguir, y bloquear. E incluso block-desblock si lo que quiero, además, es que no me siga a mí.

Pues con todo ese abanico de opciones, todavía hay quien cree tener la potestad de decidir cuándo has escrito mucho, o has compartido muchas publicaciones de otros, o has hablado mucho de un mismo tema. ¿Por qué tanta impertinencia? ¿Por qué tanto disfraz de Pepito Grillo?

Asumo que soy activa en redes sociales, porque me divierto. Admito que algunos comportamientos denotan carencias. Y las tengo, claro, vivo sola desde hace tres años, mi familia está a 80 kilómetros, mi pareja a 400 y mi mejor amiga a… no sé cuántos kilómetros queda mi sofá del pueblo de Alemania adonde se fue hace más de año y medio a buscarse la vida. Pero suplo esas carencias de manera inteligente. Trabajo, tengo un blog, dibujo, escribo, leo, preparo clases, corrijo, estudio oposiciones, y preparo el C2 de inglés de forma autodidacta, hago deporte, salgo a tapear… pero eso no se proyecta, porque de eso ni siquiera hay nadie pendiente. Por eso, aunque lo saben, hay quien se pone en alerta y te dice: “Esta mañana no has hecho nada, ¿eh? Que he visto en Instagram que has desayunado en El Churro Grande”.

Y, perdona mi arrogancia si, con todo eso superado, me creo con la superioridad moral de decirte que si tienes ese comportamiento obsesivo por controlar la vida de los demás, el problema, las carencias y la obsesión por las redes sociales, amigo mío, todo eso lo tienes tú.


Hace un par de noches me encontré con un artículo compartido en Facebook que decía: Una modelo de 18 años edita sus publicaciones en Instagram para mostrar la verdad tras las fotos.

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Sentí curiosidad por saber cuál era esa verdad. De photoshop, desajustes alimenticios y maquillaje ya hemos tenido mucho. Pensé que me ofrecería algo diferente y así fue.

Essena O´neill, es una joven modelo de 19 años (cumplidos, según ella misma dice, el día después del vídeo que desencadenó este nuevo boom) que ha vivido de las redes sociales desde muy temprana edad. De acuerdo con el vídeo, ha ganado mucho dinero por cosas como ponerse un vestido simplemente para que saliera en una de sus fotos de Instagram, ya que su número de seguidores en todas las redes en las que tenía cuenta era tan elevado que, numerosas firmas de más o menos prestigio, contactaron con ella para hacerle contratos cada vez mejor pagados.

Essena sonríe, se muestra, se maquilla, publica diariamente… y un día se cansa y decide borrar 2000 fotos y dejar sólo 12, pero editando el texto y explicando cosas como: “En esta foto tenía acné”, “esta la repetí no sé cuántas veces”. La (¿ex?) modelo explica que se empezó a sentirse triste cuando se dio cuenta de que sólo vivía para mostrarse, que sonreía para una foto, pero cada vez sonreía menos en la vida real. Y cuenta que hace el vídeo para su niña interior su “yo de 12 años”, que fue cuando empezó a dejarse impresionar por lo que hacían otras chicas y empezó a abrirse camino poco a poco hasta conseguir lo que siempre había soñado.

Protesta porque siente que ha desperdiciado su adolescencia dependiendo de las redes sociales, viviendo de su físico y de la aceptación social (virtual). Algo con lo que soñaba desde pequeña y acabó consiguiendo. ¿Cómo de sola estaba entonces para perseguir su sueño a toda costa? ¿Dónde estaba su familia para asesorarla cuando le hicieron aquella foto en (mini) bikini a los 16 años?

La modelo se queja de engaño, de manipulación. Se disculpa con sus seguidores y con ella misma por el tiempo que lleva haciendo algo que de pronto va contra sus principios. Ha descubierto que las fotos de catálogo no muestran la realidad. Nunca es tarde para abrir los ojos. Y sentí y me creí que ha pasado momentos muy duros, que tenga o haya tenido depresión, y eso es un tema muy serio del que no soy capaz ni de hablar ni me creo quién para ponerlo en duda. En este punto, la chica sí tiene mis respetos.

Que el mundo de la moda es pura manipulación, no es ninguna novedad. Los rasgos físicos de las modelos del momento los tienen una minoría, no es ninguna representación de hombres ni mujeres de a pie. Son MODELOS y viven de cumplir una serie de cánones que el resto no cumplimos y que nos han enseñado a admirar. El maquillaje es otra caraterística de este trabajo, ni siquiera pienso que trate de mentir (sería nuestra culpa si nos dejáramos engañar por esa belleza químico-artística), sino exagerar, llamar la atención, cuando, por ejemplo, le pintan a una modelo los labios de amarillo. Y ya incluso sabemos cuando alguien está retocado, cuando no se le notan la venas, los poros, las ojeras. No hay lunares, no hay granitos, no hay pelusilla… Y no dejaremos de quejarnos y algunas de las quejas las apoyo firmemente, pero una cosa está clara: si todo eso vende, es porque alguien compra.

Pero Essena va más allá y habla de la superficialidad de las redes sociales, de cómo los datos y las estadísticas te empiezan a volver loca cuando consigues un número de seguidores o de me gusta que antes te parecía suficiente y de pronto sientes que tienes que ir a por una nueva cifra. Y mientras más seguidores, más millonarios son los contratos. Mientras más cifras, más cifras. Entiendo que a ella le haya pillado por sorpresa dada su juventud y que si se ha sentido sola, puede que realmente lo haya estado cuando nadie ha sabido ponerle unos límite en una edad en la que somos tan vulnerables.

En su vídeo nos invita a no creernos nada, a salir a la calle, a hablar con desconocidos en un parque, a hacer algún voluntariado, a leer libros, a salir a tomar café… Y mi pregunta es: ¿en serio, Essena, y nombrando a Essena me dirijo a cualquiera que esté en alguna red social, no eres capaz de hacer ninguna de esas cosas porque tengas un nombre de usuario, una contraseña y un número de followers?

Si de verdad las redes nos suponen un problema, debemos pedir ayuda. ¿Cómo lo sabemos? En el momento en el que te planteas qué aficiones has dejado atrás: cine, libros, deporte… ahí pueden estar las claves. Me impresionó que esta chica destacara que lo mejor que había hecho en su mes sin redes, ha sido ver un documental y leer tres libros. Os recuerdo, para enfatizar, que tiene 19 años recién cumplidos.

Tengo Facebook desde 2008, Twitter desde 2011, Instagram desde 2013… y ni a mi vida ni a mi intelecto les ha faltado un buen libro, una buena charla, una mañana al sol… Si hablamos de adicción, estamos hablando de un tema muy serio que habría que tratar en otros términos. Por eso no me creo al 100% la historia de Essena, porque me lo cuenta por Youtube, con el objetivo de que se publique en Facebook y no estoy segura de que no vaya a ganar dinero por las visitas de los que hemos picado con esta historia. Que no es que a mí me importe, que ya quisiera yo ganar millonadas tan fácilmente, pero necesito coherencia con lo que me cuenta.

Pienso mal y creo que ha hecho el dinero suficiente como para no tener que exhibirse. Que realmente puede que le haya afectado psicológicamente, pero a la vez leo entre líneas una pataleta de nueva chica rica. Conozco gente ambiciosa que lo es tanto que llega a deprimirse cuando consigue sus metas porque, una vez que las obtiene, quiere llegar aún más allá. Y ni los números ni el éxito son nunca los deseados. Es como si todo se quedara pequeño cuando te va bien.

Y pienso además en quién le habrá dicho que el vídeo es más creíble si lo hace en casa vestida con una camiseta gris lisa, sin maquillaje y con un moño alto mal hecho. Y si no es esta la misma técnica manipuladora que aquella de ponerse un vestido concreto y posar de una manera específica. Hay que tener cuidado con la doble trampa de las redes sociales.

Yo creo en las adicciones, en la depresión, en la frustración… pero en esta historia, lo siento, no creo.


Cuando la electricidad llegó a Downton Abbey, Violet, la condesa viuda de Grantham, se quejaba de que era algo innecesario, que no la necesitaban porque antes se las habían arreglado sin ella. Puedes ver la escena de la que hablo en el minuto 0:23 haciendo click aquí. Lady Grantham también muestra su rechazo al teléfono e incluso a la silla giratoria. Haz click aquí para ver la escena de la silla giratoria.

–          Lady Grantham: ¡Santo cielo! ¿Dónde estoy sentada?

–          Matthew: En una silla giratoria.

–          Lady Grantham: ¿Otra de sus geniales ideas?

–          Matthew: No, la inventó Thomas Jefferson.

–          Lady Grantham: ¿Por qué todo hoy en día supone una lucha con un americano?

Lo mismo ocurre actualmente con las nuevas tecnologías.

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Somos reacios al cambio, incluso cuando el cambio lo que hace es sumar bienestar.

Hace unos días circulaba un vídeo de muro en muro de facebook idealizando la vida sin el uso de los smartphones. En un pseudo-rap, un chico contaba lo que nos estamos perdiendo por ir mirando la pantalla del móvil. Contaba la maravillosa historia de cómo él formaba una familia porque un día se cruzó con la mujer de su vida y se miraron a los ojos. Luego vino la boda, después los hijos, los nietos… en definitiva, objetivos que uno – ¿obligatoriamente? – tiene que cumplir para ser feliz. Para contrastar, volvían a rodar la misma escena en la que se cruza con la chica, pero esta vez él no la ve porque iba mirando el móvil. Supongo que entonces su vida es una mierda, que no tiene ya posibilidad de conocer a nadie más porque tiene un móvil de última generación y de vez en cuando escribe un whatsapp (¿a la mujer de su vida que esta al otro lado del mapa, quizás?).

En el vídeo (ver aquí) sugiere que hablemos entre nosotros, que eso se está perdiendo. ¿Cuándo hemos hablado con la persona que espera el autobús a nuestro lado? Al revés, siempre nos han enseñado a no hablar con los desconocidos, ¿a qué viene esto ahora? Y sí, yo alguna vez lo he hecho, incluso conocí a un chico interesante en un autobús con el que tuve una historia muy bonita (no tanto como para que fuera el hombre de mi vida). El hecho de tener un móvil no me priva de socializar.

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En mi etapa universitaria, aún no había móvil y todos los días nos juntábamos unos cuantos en la parada del autobús. Nadie miraba a nadie. Todos pasábamos el rato mirando al bordillo donde se pararía el 8. En época de exámenes, leíamos apuntes. No miraba una pantalla y tampoco pasó por allí el hombre que me daría hijos perfectos y felices.

Diferente es la dependencia, como en todo, pero la cosa se nos está yendo de madre. A mí me han dicho varias veces que siempre estoy con el móvil. Me lo ha dicho alguien sin soltar el mando de la tele, me lo ha dicho una persona adicta a la nicotina, otra adicta a las compras, también alguien enganchado a los videojuegos y hasta un alcohólico.

En contra de todo lo que se dice, las redes sociales hicieron posible que un día pudiera mirar a los ojos a una persona muy importante en mi vida con quien estoy en contacto diario gracias a whatsapp. Al salir del trabajo, desde que a las 9 hay luz, capturo con la cámara del móvil el atardecer que me regala el cielo. De camino a casa apunto en el block de notas lo que tengo que hacer al día siguiente. A veces, hago la lista de la compra. Después de cenar, veo que tengo mensajes en facebook de amigos que ahora viven en diferentes puntos del mundo… A veces chateo con mi padre, y le mando besos para todos a los que la distancia me impide ver cada día y, a quien, afortunadamente, puedo dar las buenas noches todos los días gracias a las nuevas tecnologías.

Existen muchos mitos sobre el uso del Smartphone. Hace tiempo incluso liberaba ondas cancerígenas. Es injusto que algo que hace la vida más fácil sea desacreditado de esa manera. Pero somos así de catetos.

La ignorancia llega hasta el punto de compartir un vídeo que has visto desde tu Smartphone y que critica a los mismos añadiendo en la publicación un “toda la razón”, para que otro lo comparta diciendo lo mismo.

Cada vez que lo veía, me imaginaba a esa persona viéndolo por la pantalla de su móvil, asintiendo con emoción y lamentándose por lo que se estaba perdiendo. Se promete soltar el móvil en cuanto acabe el vídeo. Pero al final decide que todo el mundo tiene que ser concienciado y copia el enlace, lo publica en facebook, en tuenti, google+, twitter y lo comparte en grupos de whatsapp. Y es que lo han sabido hacer tan bien que nos lo hemos creído.

Yo misma, hace poco fui reprendida por estar con el móvil. Estaba leyendo a Ernest Hemingway.



Vuelo sin motor

Creando ideas y echándolas a volar

Eugenia Sanchez's Blog

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La estantería de Núria - Reseñas de libros

¿De qué hablo aquí? Novelas. Cómic. Álbum ilustrado. Ensayo. Y, en general, cualquier texto que pase por mis manos.

Diccineario

Cine y palabras

Zarathustra Callao

Se me amontonan las palabras.

TODOPODEROSO

Sólo soy un humilde puto amo

La mirada volátil

"Lo único que nos tapará la boca serán los besos"