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Primer domingo de marzo y primera gilipollez inmunda.

La primera referencia del conocido como “cheese challenge” es de noviembre de 2018. Un usuario de Twitter le lanza una loncha de queso a su hermano y lo sube a las redes.

Desde ayer, bajo el hashtag #cheesechallenge (también puedes buscar “tranchete + bebé”) se puede ver cómo se ha repetido esta práctica con bebés hasta el punto de hacerse viral.

¿Qué necesitas? Un bebé (preferiblemente tuyo), una loncha de queso, una cámara, cuenta en una red social y ansia de likes y comentarios. También pocos escrúpulos, a mi parecer.

No deja de sorprenderme la cantidad de tonterías que se hacen justificándolo de “challenge“. Como el #InMyFeelingsChallenge del verano pasado que ponía en riesgo la seguridad vial y dejaba actuar a la selección natural con los perpetradores que tenían los santos cojones de bajarse de un coche en marcha y ponerse a bailar en la vía pública mientras alguien grababa desde dentro del coche. Una mili challenge os daba yo a todos.

Y, como todo reto, algunos se parten de risa con lo absurdo y a otros nos da vergüenza ajena. En mi caso, además, acompañada de algo de compasión por la indefensión de la víctima del “cheese challenge”.

Los defensores dicen que no es para tanto, que es divertido. Incluso he leído a alguien que decía que se trata de la complicidad padre-hijo. No sé qué complicidad sienten esos bebés que miran, con el ojo que les ha quedado libre, al cretino que le lanza la loncha de queso para que se le pegue en la cara. La mayoría de los vídeos que he visto son bebés de pocos meses que se llevan un susto y se quedan paralizados o empiezan a hacer pucheros. Solo uno, algo más mayor, sonríe (con todos sus dientes) cuando se le pega el tranchete y ve que quien se lo lanza rompe a reír. Si la otra persona se ríe, la broma ha sido un éxito.

Partiendo de la base de, como dije antes, la indefensión de la víctima, la broma en cuestión es bastante abusiva. Avanzamos y hablamos del derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen de los menores que no han elegido estar en la pestaña multimedia de unos progenitores descerebrados ni de los muros y timelines de los que comparten, retuitean y citan diciendo “me ahogo”, “llorando”, “LOL”… 

Pecamos de confundir humor con escarnio y este reto tiene más de lo segundo que de lo primero.



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