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La impertinencia ajena me regala una entrada para mi blog.

Hoy no pensaba dejarme ver por las redes, pero ha ocurrido algo que quería comentar: “Ni Periscope ni hostias”.

Periscope es una aplicación que retransmite en vídeo lo que está ocurriendo en directo. Actualmente se utiliza para retransmitir desde una rueda de prensa hasta un cumpleaños o una persona comiéndose una naranja. La aplicación está vinculada a Twitter y ya ni siquiera es necesario tenerla descargada para poder ver los vídeos de los demás.

Pues bien, esto es lo que estaban haciendo dos adolescentes, retransmitir un vídeo, probablemente con todo el pavazo propio de la edad, tumbadas boca abajo en la cama y enfocando únicamente sus caras. En un momento determinado del vídeo en el que una de las chicas dice “hola”, entra la madre como una energúmena diciendo “¡¡¡NI PERISCOPE NI HOSTIAS!!!”. Como no sabe lo que es Periscope, le arrebata el móvil y sigue retransmitiendo su enfado y sus malas formas diciendo “¡Un tío con la polla al aire!” y continuando con la retahíla de madre que no sabe muy bien de qué va la cosa. No sólo es la chica la que dice que ella no estaba haciendo eso, que “es gente que se pone”, sino que los mismos usuarios, que pueden dejar comentarios durante la retransmisión le están diciendo “cálmese, señora”, “su hija no estaba haciendo eso”. Pero la ignorancia es osada y la aplicación seguía abierta difundiendo el espectáculo de una madre fuera de sí.

Tal ha sido la repercusión que “Ni Periscope ni hostias” ha sido Trending Topic a lo largo de la mañana con comentarios que iban desde la alabanzas a una supuesta madre coraje hasta los “yo le habría dado un bofetón”.
Este es el contexto que tengo cuando decido comentar en Twitter lo siguiente:

“‘Ni Periscope ni hostias'” no me parece digno de tanta alabanza. Una madre que grita y no escucha no creo que sea la que todos necesitan.”

Maldita la hora en la que un ser sensible como yo decide entrar en un debate de garrulos en el que se me insulta y se me desacredita porque yo, con ese pensamiento, no merezco tener hijos. Ese comentario ha dado pie a gente que sólo comenta el hilo con un “eres gilipollas” o diciéndome “no tienes ni idea de educar, subnormal”. Y, de nuevo, el “yo le habría dado la hostia sin más”. Soy yo la que no tiene ni idea de educar, no aquellos que insultan y defienden la cultura del tortazo del poderoso por el simple hecho de que lo es.

Luego están los que dicen que si una niña está viendo pollas, lo normal es que se le castigue. Para empezar, esta gente entiende de tecnología lo mismo que esa madre (conste que defiendo que no hay que saber de todo, pero sí poner un mínimo de interés): la chica no puede estar viendo pollas porque Periscope retransmite, pero no puedes hacer otra cosa mientras usas la aplicación. Sin embargo, es más fácil decir que hay que poner límites a niñas que ven pollas y que yo soy subnormal y he bebido o veo telecinco.

Que se está difundiendo un vídeo de unas menores en un contexto “privado”, ese es otro debate. Que hay que poner límites, también. Sin embargo, mi mensaje criticaba a una madre que grita sin escuchar y que no argumenta porque no entiende ni hace por entender lo que está pasando. En la mayoría de las ocasiones, la mente sucia la tiene el adulto, el niño no ha pensado más allá. Pero ese tampoco era el debate que yo planteaba. Y os cuento una anécdota:

Un padre estaba agobiado porque le salían anuncios eróticos bastante poco sutiles en su navegador. Al hijo adolescente le cayó una bronca monumental por ver porno, porque eso era terrible y no debía hacerlo. El problema desapareció cuando el hijo le enseñó al padre cómo borrar el historial, ya que era él el culpable de que salieran esos anuncios, pero lo cómodo, para él y para la madre, era pensar que era el hijo que estaba haciendo un mal uso de las redes. Curioso, ¿eh?

Muchos de los comentarios que me han llegado, me dicen que están de acuerdo en que hay que poner ciertas restricciones. Yo también. No estoy de acuerdo con las formas de esta mujer, ese era mi planteamiento por el que se me ha juzgado e insultado mientras me daban lecciones morales y me deseaban la infertilidad. En mi TL no alimento las insolencias, es por eso que estoy respondiendo con la opción “bloquear” ante la arrogancia y las malas formas (que, os recuerdo, todo venía por criticarlas).

No sólo pienso que hay que poner límites a los hijos, sino que incluso soy partidaria del sopapo cuando representa más que la descarga emocional del progenitor. Pero no puedo apoyar a una madre que grita y no escucha; que ni entiende, ni hace por entender. Eso, para mí, no es educar. La distancia generacional se acorta prestando atención a las inquietudes de los jóvenes.

Las redes son perniciosas si se le da un mal uso, pero mucho más peligroso es transmitir la cultura del griterío ante cualquier conflicto.


De pequeña aprendí que se votaba cada cuatro años y, desde que tengo edad de votar, hasta la fecha, no me salen las cuentas.

Ayer repetimos las elecciones de hace seis meses y en estos meses he vivido la insistente invitación a Windows 10 que se negaba a aceptar una decisión que ya había tomado. Igual con las elecciones.

No voy a hablar de resultados ni de acuerdos o desacuerdos. Voy a hablar de actitudes.

  • Las fotos votando: de un tiempo a esta parte, con el boom de las redes sociales, parece mucho más importante parar el mundo para que los ciudadanos puedan publicar una foto depositando su voto en la urna. Eso ha sido siempre tarea de los candidatos que ese día eran noticia. Pero tú, alma de cántaro, vota y vuela, que hay gente esperando.
  • Los votos nulos, ¿protesta o búsqueda de popularidad?: no sé si realmente la gente utiliza el voto nulo a modo de protesta o sólo aprovecha la certeza de saber que al día siguiente algún medio hará una recopilación de “los mejores votos nulos marca España”. Este año, por primera vez, los he visto firmado con la @ que indica el usuario de Twitter, ya que en Twitter importan los números: los de los seguidores y los de los me gusta y los retweets, porque no nos ha quedado claro aún con las encuestas de ayer que los números de Twitter no significan absolutamente nada.
  • El voto es secreto: hay quien interpreta ese “secretismo” como protección personal ante ataques o lo malinterpreta pensando que el hecho de que sea secreto implica que no se lo puedes contar a nadie. De hecho, en la campaña anterior vi a gente que protestaba enseñando la papeleta de a quién iba a votar diciendo que nunca entendió que tuviera que callarse. No entendió nada esa persona ni quienes le dijeron “¡pues claro que sí, ya está bien, yo también lo voy a enseñar!”. El sufragio secreto pretende proteger la libertad de lo votado, sin influencias. Por eso se habilita un cuarto oscuro en los colegios electorales. Por ese motivo, tampoco se debe anunciar el voto en los centros de votación, bajo pena de nulidad del voto. ¿Qué hacemos entonces con este votante que, aunque no tenga pájaro en la bandera, está claro que no votará a PACMA?  o este de UPyD?
  • Futbolizar la política: hay una tendencia más o menos lógica a politizar el fútbol, pero lo alucinante viene cuando se futboliza la política y se defienden los colores en lugar de la ideología, se portan banderas y símbolos que deje muy clara cuál es mi tribu y surgen cánticos horteras y garrulos. Cánticos que no sólo son el himno de un partido, sino que se utilizarán en contra de otros. Recordemos la ironía con la que los votantes del PP, en lugar de entonar su himno, gritaban el eslogan de otro partido al conocerse la victoria saciando así ese ansia de pertenencia a toda costa.
  • El voto NO es una obligación: El voto es un derecho. Lo ideal sería que, ya que podemos beneficiarnos del privilegio del voto, lo hiciéramos todos y a consciencia. Podemos protestar y enfadarnos (yo lo hago) con quien, tal como está el panorama, se permite el lujo de no tomar parte en algo tan importante, pero no está obligado a hacerlo. Aunque nos escueza y aunque no haga bien a nadie.
  • Se nos limita el léxico: durante las horas previas a las votaciones y ya no te digo las de después del escrutinio, se repiten las mismas frases, palabras y comportamientos en cada casa, en cada bar, en cada canal de televisión y en cada red social. Pucherazo, democracia, justicia, cuñao, paletos, gilipollas… Y reincidimos cada vez que hay elecciones en tener razón dialogando con un número restringido de palabras y comportamientos inmutables.

Esta desfachatez de la que todos hemos participado – no estoy hablando de política – sólo ha sido el entrenamiento previo al partido de hoy, que nos invita a disociarnos para tenernos controlados desde el descontento y la hostilidad.


Tengo una amiga negra.

Esto hay que destacarlo siempre, porque “tengo una amiga de Barcelona / bloguera / autónoma” no es tan comercial.

Y yo tengo una amiga negra.

Mi amiga negra ha sido noticia porque no pudo reportar los comentarios racistas que le dejaban en sus vídeos de Youtube, ya que a la plataforma no le parecía que infringiera las normas. Captura de pantalla y revolución en redes sociales y, más tarde (siempre más tarde), en los medios. tumblr_inline_o3m7duTRkZ1qzzcxd_500

En Twitter se llegó lo más lejos que se pudo (y me consta que aún está en movimiento) y en la prensa y en la televisión, se esforzaron por dejar claro que mi amiga negra es barcelonesa, sí, pero de origen africano, que no se nos olvide. La conclusión de Youtube es que ella (que se mueve por la intranet como pantera por campo abierto) no hizo bien el reporte (recordemos sus orígenes). Si vamos a hacerlo así, seamos justos e incluyamos “de origen musulmán / judío” cada vez que hablemos de la procedencia de cualquier español blanco. Pero no es lo mismo: mi amiga es negra.

Mi amiga negra es española y eso es lo que lleva mal quienes la han insultado. Y, bueno, es que le ha tocado todo: catalana, mujer y negra. Y por eso se puede llegar a la conclusión de que no ha sabido hacerlo o de que se queja sin motivos.

Me imagino el día de su nacimiento. Sus padres ya se imaginarían que nacería negrita, pero qué horror cuando encima le dijeran: “es una niña”. Y si encima hubieran bisto en la prueba del talon que iva a ser una mujer intelijente, a los padres les abría dado algo malo.

Desiree es fuerte, independiente, sale, hace deporte, se hace peinados imposibles, cuelga fotos de sus maquillajes… porque yo tampoco lo savía, pero esiste el maqiyaje para negras. Yo pensaba que tenía que haver algún potingue tambien para ellas porque en Africa tambien tienen derecho a sentirse guapas. Y esta gente es la que sacaba tintura roja machacando vichos, que no se nos olbide que en el fondo hay talento, por aquello de la supervivencia, que agudece el injenio. No solo biven de cultibar colacao y cargar cestos en la cabeza…..

Es una persona como tú o como yo, salbo por algunas diferencias, como que le crece el pelo raro, como hacia arriba, como si estuviera siempre vajando de un salto. Tiene dos niñas preciosas, ijas de un blanco, que quiso dios que salieran com oella, betetu ha saber porque. Imajino que es su padre vlanco el que se encarga de educar a sus ijas, asi como enseñarlas a andar por la calsada, que supongo que les costara trabajo no ir salando de arbol en arból como el niño de la peli “Un indio en Paris”.

El caso es que me parece injusto que digan que no save reportar y que a Youtuve no le parezca ofendente los insultos. Para mí, todos somos iguales, unos más oscuros y más torpes que otros, pero devemos tener los mismos derechos porque todos somos umanos. Y si eya dice que es española, bamos a darle el carpicho. Yo soy española y se la grandeza que ahy aquí, ¿no boy a entender que los negritos quieran ser también de esta tierra esplendoroza?

Asi que con este pots quiero romper una lansa en fabor de los negritos que ya bastante an sufrido con todo como para ahora tener que aprender a denunciar a jente que no tiene en cuenta los sentimientos de los povres negritos del África.


sin_ta14Ayer cometí una falta grave en twitter: nombré a El Rubius. Ni siquiera hablaba de él, sólo lo nombré.

Para quien no lo sepa – y hay quien que alucina porque no se le conozca pero, ¡flipad! Hay gente que no sabe quién es – El Rubius es un youtuber. Pertenece a esa generación que hay sabido sacarle pasta a Youtube subiendo contenido casero propio a la plataforma. (¡No me peguéis, no he dicho nada malo, nombrarlo no es malo! ¡”Casero” tampoco es malo!).

Lo conozco porque, aunque la horda de youtubers me queda lejos, convivo día a día con niños de todas las edades. Me interesan sus inquietudes y me fascina que cuando les pregunto “What do you like doing in your free time?” Algunos me contesten “I watch Youtube videos”. Y yo, que soy de naturaleza curiosa, paro mis clases para que me cuenten qué hay ahí, qué les transmiten, por qué les gusta, qué se hace. La curiosidad no me mató, pero sí a algunas de mis neuronas cuando vi el vídeo de Auronplay haciendo bromas telefónicas a prostitutas (por si aquellas personas no tenían suficiente). Cuando volvió a salir el tema en clase, le pregunté a mis alumnos: “¿vuestros padres saben lo que veis en Youtube?” Y uno de ellos, Iván, con 12 años y más madurez que muchos de los que me comentaron en el tweet por el que escribo esto, me dijo: “sé por qué lo preguntas… ya sé lo que has visto…”. Estuvimos un rato hablando de que “hay uno que se ríe de adolescentes que quieren ser como ellos” (entre comillas porque lo dijeron ellos). Me indicaron las cosas buenas que tienen y también las busqué, pero tras esta experiencia, supongo que entendéis lo que para mí pesa más. Eso sí, diferencio entre los dos y valoro lo que hace El Rubius que, hasta donde sé, no se ha metido con nadie.

También he visto fragmentos de sendas entrevistas con Risto. Sí, ambos han sido entrevistados por Risto, un tío que sabe lo que se hace. Estos mismos eran los que más gente tenían haciendo cola en la pasada feria del libro en Madrid… Lo de que el fenómeno Youtuber tiene un peso importante ya es indudable. No lo he cuestionado nunca.

Ayer, tras la oleada de tweets que recibí por el que yo escribí, le pregunté a mis alumnos qué sabían de los youtubers y me dijeron lo siguiente:

  • David, 10 años: a mí me gustan todos, aunque sólo los veo si estoy muy aburrido. Mis youtubers favoritos son los que hablan de videojuegos y me gusta NexxuzHD porque habla del GTA V y yo lo tengo. Le pone efectos a sus vídeos y comenta cosas graciosas, como una vez que salió un tío parado muy serio y él dijo “parece buena persona”. Es gracioso. HolaSoyGermán también me gusta. Auronplay no me gusta, sus vídeos no son de nada, sólo hace tonterías, aunque en uno hacía una cosa con la lengua, lo ponía a cámara lenta y me hizo gracia.
  • Javi, 12 años: yo no los veo, no me gustan, dicen muchas palabrotas, no lo entiendo. A veces también hacen chistes de contenido sexual. No creo que sea para nosotros.
  • Lucía, 12 años: hablan raro, no se les entiende. Además, Auronplay imita a otros para ridiculizarlos.
  • Andrea, 12 años: Auronplay se rió de un admirador que le dedicó una canción. Eso no se hace.
  • Joana, 12 años: yo no los sigo, pero sé que al menos El Rubius no insulta ni dice palabrotas.
  • Nuria, 12 años: yo veo tutoriales, sólo me gustan los vídeos que me enseñan a hacer algo, busques lo que busques, ya hay alguien que lo ha hecho y te lo explica.

Ellos me dieron la clave: yo no andaba muy desencaminada con mis impresiones. Los diez minutos que me tomé para hablar con ellos, fueron muy enriquecedores.

A lo que viene este rollo es a explicar lo asombrada que estoy por lo que pasó ayer y os pongo en situación:

Hace unos días, se publicó una entrevista que le hicieron a El Rubius en la que un periodista experimentado pero más perdido que yo con el fenómeno youtuber, le da toda la caña del mundo, supuestamente transcribiendo de una grabadora unas respuestas vacías de contenido y poco inteligentes. El chico, obviamente descontento, se quejó en sus redes y anunció que no daría más entrevistas, que había recibido un trato injusto y que haría un vídeo como respuesta. Sus fans – que han debido leer una entrevisa diferente a la que leí yo – le daban la razón y lo aclamaban con palabras de putoamismo y megacrackismo, a la vez que insultaban y desprestigiaban tanto al periodista como al medio en el que se publicó dicha entrevista. Todo esto lo supe por culpa de Juan, a quien también le dieron lo suyo por nombrar al endiosado. Es lo que tiene twitter, a veces me entero de cosas que me interesan regular, pero luego vais a ver hasta qué punto he estado involucrada sin haberlo deseado.

Paralelamente a esta situación, Dani Rovira presenta la gala de Los Goya por segundo año consecutivo. La crítica y la nueva moda de twitter de estar en contra de todo lo que haga Dani hicieron de su parte y él publicó que no le había merecido la pena presentarla. Por lo que leí, la gente le recriminó que no tenía derecho a quejarse y que tenía que apechugar con lo que se le decía.

Ahí es donde entra @Eva_Zeta (¡Eh! ¡Soy yo!) que ha visto pasar las dos historias por su Time Line y, en su cabeza, que no puede no ser analítica, escribe lo siguiente:

Esta semana en twitter, he aprendido que si eres Dani Rovira, tienes que saber encajar las críticas, pero si eres El Rubius, no.

Obviamente, critico la crítica de los criticones de medio pelo, no la de los críticos que se dedican a ello. Ni siquiera me meto con la actitud que ha tomado cada uno pero, ¡oh, cielos! ¡Nombré a El Rubius!

A partir de ahí, que se me acusara de ignorante, de no saber de lo que escribo y de no saber redactar (me lo dijeron con faltas de ortografía y me encantó) fue lo menos grave. Lo que me sorprendió, pero de sorpresa chunga, fue la incapacidad lectora de aquellos que se ciegan con sólo ver que su ídolo ha sido nombrado. Hubo quien me explicó que ambos se beneficiaban (que sí, que ya… gracias), luego me explicaban que no era un comentario a mi tweet (sí lo era), sino un apunte más; otros metían su cuñita política, y otros argumentaron que ellos ganan dinero haciendo eso y yo, escribiendo un tweet, no. Gracias a todos, pueden salir por donde han venido.

Pero claro, soy yo, que no me entero, que por eso me dijeron “erudita” entre comillas, insinuando que era partidaria del eterno debate que dice que el público youtuber tiene dudable nivel intelectual. Jamás he entrado en eso, entre otras cosas, porque no puedo valorar la inteligencia ni las inquietudes de millones de subscriptores que tienen estos nuevos famosos. Y porque entre ese público se encuentran algunos de mis alumnos que, como dije, con bastantes menos años, demuestran más inteligencia y sentido común que algunos de los indignados que comentaron un tweet que no quisieron entender.

 


Quien te dice “pasas demasiado tiempo en las redes”, pasa mucho tiempo mirando qué haces tú en las redes.

Lo escribo porque me ha pasado y como lectura de un comportamiento común.
Deberíamos tener más pudor, como el que se encuentra a un familiar en un prostíbulo y decide no contar nada, porque el hecho de acusar a otro le acusa a sí mismo de haber estado allí.

¿Paso mucho tiempo en las redes? Sí, todo el que quiero y, además, me quejo de que apenas tengo tiempo para mí. Y ambas cosas son ciertas. Las redes quitan todo el tiempo que tú dejes que te quiten. No puedo decir el número de veces que entro a mirar twitter o facebook – más el primero que el segundo – pero son bastantes. A veces, incluso muchas. Pero yo decido cuándo es suficiente. Si abro una app. a las 12 y otra vez a las 12:30 y luego a las 15:00, no significa que lleve tres horas conectada. Y, si fuera así, sería sólo problema mío.
Antes – y ahora en algunos casos también – ese tiempo se le dedicaba a la tele, pero tú podías contar cualquier milonga como “he estado todo el día limpiando/estudiando/trabajando/cocinando” o cualquier otro gerundio socialmente aceptado, y todos contentos. Porque la televisión no tiene un chivato que indique cuántas veces la has encendido ni cuándo fue la última conexión. Y, de tenerlo, quedaría en casa, no en los dominios de cualquier otro ser con el mismo equipo.

Mi querida @PinkyGrace, a quien más quiero mientras más conozco, contaba que ella trabaja enfrente del ordenador. Es tentador, claro. Es, además, autónoma y tiene abiertos los documentos necesarios para su trabajo y el Twitter. Publica muchas cosas y hay calidad en sus tweets. Y trabaja, y tiene familia, y sale a la calle… ¡Menuda loca irresponsable esclava de twitter! (Aclaro, por si acaso, que la frase anterior es una ironía). Yo a veces estoy estudiando y me estoy tomando un té. Coger la taza me distrae. ¿Lo veis? No hay pecado, somos personas activas y trabajadoras.

Lo malo, paradójicamente, de las redes es que son públicas. Lo de ajustar la privacidad tiene sus límites y es que sólo Whatsapp lo ha sabido hacer hasta ahora, dejando que elijas si quieres que se vea tu última conexión o no. Ídem con el famoso doble check azul, que ya también puedes decidir si quieres que se muestre cuándo has leído un mensaje o no. Whatsapp, que llegó la última y se ha puesto la primera, ha visto necesarias estas opciones porque somos unas incorregibles viejas del visillo.

¿Cuándo decirle a una persona que pasa mucho tiempo en las redes? De muy pocas veces a nunca.

– Si una persona tiene un comportamiento obsesivo o perjudicial y tienes confianza con ella, puedes recomendarle otras aficiones, sugerirle que puede estar perdiéndose una parte muy bonita de su vida por vivir tan de lleno la vida virtual. Puedes recomendarle que visite a un especialista, pues es cierto que puede ser adictivo. Pero, seamos coherentes, díselo en una visita a su casa, y no en un mensaje privado desde tu móvil.

– Si lo que pasa es que escribe con mucha frecuencia y a ti te parece demasiado. El problema es más bien tuyo. Elige entre tantas opciones que te ofrece la intranet y opta por la que más te convenga:

  • En Facebook: ocultar una publicación en concreto, ver menos publicaciones de esa persona en particular, dejar de seguir o dejar de ser amigos. ¡Ey, que la vida sigue! El unfriend en Facebook no significa enemistad en la vida real.
  • En twitter: silenciar, desactivar retweets, dejar de seguir, y bloquear. E incluso block-desblock si lo que quiero, además, es que no me siga a mí.

Pues con todo ese abanico de opciones, todavía hay quien cree tener la potestad de decidir cuándo has escrito mucho, o has compartido muchas publicaciones de otros, o has hablado mucho de un mismo tema. ¿Por qué tanta impertinencia? ¿Por qué tanto disfraz de Pepito Grillo?

Asumo que soy activa en redes sociales, porque me divierto. Admito que algunos comportamientos denotan carencias. Y las tengo, claro, vivo sola desde hace tres años, mi familia está a 80 kilómetros, mi pareja a 400 y mi mejor amiga a… no sé cuántos kilómetros queda mi sofá del pueblo de Alemania adonde se fue hace más de año y medio a buscarse la vida. Pero suplo esas carencias de manera inteligente. Trabajo, tengo un blog, dibujo, escribo, leo, preparo clases, corrijo, estudio oposiciones, y preparo el C2 de inglés de forma autodidacta, hago deporte, salgo a tapear… pero eso no se proyecta, porque de eso ni siquiera hay nadie pendiente. Por eso, aunque lo saben, hay quien se pone en alerta y te dice: “Esta mañana no has hecho nada, ¿eh? Que he visto en Instagram que has desayunado en El Churro Grande”.

Y, perdona mi arrogancia si, con todo eso superado, me creo con la superioridad moral de decirte que si tienes ese comportamiento obsesivo por controlar la vida de los demás, el problema, las carencias y la obsesión por las redes sociales, amigo mío, todo eso lo tienes tú.


hd_frozen__elsa_wallpaper_1920x1080_by_robotthunder500-d71rgseSe acerca la navidad y las distintas cadenas de televisión ofertan cine de calidad. Ayer le tocó a Frozen. Un día tuve la genial idea de verla. No sabía nada de esa película, la vi desde el desconocimiento más absoluto.

Ya lo dije en mi entrada sobre Maléfica, es un cuento de princesas que se sale de la norma. Se percibe una evolución muy positiva en las princesas Disney. Se avecinan las princesas de vanguardia, dándole un giro a todo, un giro muy obvio y necesario, por otra parte.

Hace tiempo que quiero escribir sobre la segunda lectura de Frozen, pero pensé que ya se habría escrito mucho. Por un lado, intuyendo que ya se había escrito sobre lo que yo misma quería escribir, me propuse no leer nada, para que todas las ideas fueran mías. Pero estaba tan segura de que ya estaba todo dicho, que hice una búsqueda rápida en google, sólo para ver cuántas entradas aparecían. Centenas. Y más teniendo en cuenta que hice la búsqueda en inglés. Lo inteligente fue darme cuenta de que yo también tenía algo que decir.

Lo que leí, fue la segunda lectura, pero desdfrozensisters2e una perspectiva más perturbada que perturbadora: líderes eclesiásticos denunciando que la película promueve la homosexualidad. Uno de los más tajantes fue un pastor evangelista estadounidense, que afirma que Frozen trata de adoctrinar a los niños en la cultura gay. Les parece horroroso que se trate de normalizar la homosexualidad, en este caso, por medio de la animación. Si, en mi opinión, es, o no, evidente que la homosexualidad es un tema adyacente al principal, lo comentaré más adelante.

En cuanto vi la película, se me activó la opción de percibir la crítica por todos los medios. Gente que sigo en twitter hacía comentarios de todo tipo. El que más me inquietó fue el de un padre diciendo que le inquietaba lo que leía entre líneas, que no estaba seguro de querer volver a ponérsela a su hija de dos años. ¡Son dibujos, señor! Y la niña no tiene edad de entender siquiera el amor heterosexual. Y, para colmo de males, aparece otro clérigo fundamentando que favorecía el amor homosexual ENTRE HERMANAS, porque su mente enferma no le dejó ver el amor más puro entre familiares.

Lo hablé con una amiga y me dijo que ella en ningún momento había observado ninguno de esos matices. Yo sí, yo veo que Elsa muestra poco interés hacia sus pretendientes, todos masculinos. Pero, en ese aspecto, su adolescencia no es muy diferente a la que fue la mía. En realidad, yo creo que Elsa representa cualquier minoría incomprendida: sea homosexuales, adictos al wasabi, a comer gomaespuma o fans de Javian.

(Aquí vienen los spoilers, no digas que no avisé)

OlafcreationHDDe pequeña, la princesa Elsa sabía que algo pasaba con ella, que tenía poderes sobre la nieve y el hielo y los utiliza para jugar con su hermana hasta que un día, sin querer, en medio de sus juegos, Elsa daña a Anna con sus poderes. Es entonces cuando sus padres le piden que se oculte, que no deje que nadie vea lo que le pasa. Se ve obligada a esconderse de todos incluida su hermana, como si fuera un bicho raro. En plena adolescencia, los padres de Elsa tienen que hacer un viaje del que no regresarán.

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Tal es el miedo a dejarse ver, que ni siquiera acude al funeral de sus padres. A los 21, va a ser coronada reina de Arandelle. Este evento refleja los polos más opuestos. Por una parte, Elsa, cada vez más solitaria, aterrada, sin haber tenido contacto con nadie durante años por miedo a que se desaten sus poderes, a que alguien lo descubra, a poder hacer daño… y, por otro, Anna, natural, torpe, honesta, que recibe la celebración como si fuera su fiesta del quince, emocionada, correteando alborotada porque va a conocer gente, porque van a abrir las puertas.Es aquí cuando se desencadena el desastre: Anna se enamora a primera vista y Elsa se opone a esa relación. (No puedes casarte con alguien a quien acabas de conocer). Ambas discuten y se hacen daño, lo que hace que Elsa no pueda controlar los poderes y se ve obligada a huir.

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En su huída canta el tan popular Let it go (Suéltalo en español). Está triste, reflexionando sobre todo lo que ha pasado pero, a la vez, se siente libre, ahora puede ser ella misma. Juega con sus poderes, al principio sorprendida y después divertida. Ya puede hacerlo, ya nadie la juzgará, nadie saldrá herido. Puede disfrutar de ser como es. Elsa ha aceptado al fin su propia naturaleza. El precio a pagar es la soledad.

¿Es Let it go sinónimo de sal del armario? Smaxresdefaultí, claramente, pero, ¿de qué armario? Si interpretamos que lo que le pasa a Elsa es que ha sido obligada a ocultar su supuesta homosexualidad durante años, evidentemente, Let it go es una invitación a salir de esa situación. Pero eso sería simplificarlo todo demasiado. Como ya he comentado más arriba, el hecho de que salga de ahí puede simbolizar lo que a cada uno le venga bien: que ha cambiado de un trabajo en el que tenía unos jefes opresores, que ha salido de una relación tóxica, que se ha mudado a un piso más grande…

Dejando de lado el tema de la homosexualidad, sí que es cierto que Frozen es aclamada como película feminista, ya que ninguna de sus princesas es Anna's_faterescatada por un macho ibérico, sino por ellas mismas. Las princesas son fuertes e independientes. Kristoff, personaje masculino, lo tiene asumido sin ningún tipo de problema y convive con ellas sin sentirse intimidado. Es más, ni siquiera se cuestiona que Elsa puede ser reina, a pesar de estar acostumbrados a que esta condición sólo se podía dar casándose con el rey. Elsa es la heredera y es bienvenida como tal. Quizás romper con los esquemas tradicionales es lo que hace que algunos se pierdan y quieran buscarle los tres pies al gato. En cualquier caso, si lo que defiende es la naturalización de la homosexualidad, bienvenidas sean las películas que, desde pequeños, nos enseñan a ser tolerantes con aquellos que no sienten (o sí) como nosotros.

Insisto, sea o no ese el objetivo de una película de animación, no hay maldad en enseñar a respetar a quien siente diferente. La maldad está en la mirada de cada cual y en el hecho de considerarla no apta para nuestros hijos. ¿Para qué educarlos en la diversidad? ¿Para qué mostrarle una realidad de manera que puedan comprenderla?

Hay gente que mira a las nubes y sólo ve nubes. Otros, ven dragones echando fuego por la boca. Es por eso que se habla de feminismo y se confunde con homosexualidad. Se habla de princesas, y nos imaginamos criaturas puras, que no cometen errores. Gracias, Disney, por romper poco a poco con estas representaciones ilusorias.

 


Hace un par de noches me encontré con un artículo compartido en Facebook que decía: Una modelo de 18 años edita sus publicaciones en Instagram para mostrar la verdad tras las fotos.

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Sentí curiosidad por saber cuál era esa verdad. De photoshop, desajustes alimenticios y maquillaje ya hemos tenido mucho. Pensé que me ofrecería algo diferente y así fue.

Essena O´neill, es una joven modelo de 19 años (cumplidos, según ella misma dice, el día después del vídeo que desencadenó este nuevo boom) que ha vivido de las redes sociales desde muy temprana edad. De acuerdo con el vídeo, ha ganado mucho dinero por cosas como ponerse un vestido simplemente para que saliera en una de sus fotos de Instagram, ya que su número de seguidores en todas las redes en las que tenía cuenta era tan elevado que, numerosas firmas de más o menos prestigio, contactaron con ella para hacerle contratos cada vez mejor pagados.

Essena sonríe, se muestra, se maquilla, publica diariamente… y un día se cansa y decide borrar 2000 fotos y dejar sólo 12, pero editando el texto y explicando cosas como: “En esta foto tenía acné”, “esta la repetí no sé cuántas veces”. La (¿ex?) modelo explica que se empezó a sentirse triste cuando se dio cuenta de que sólo vivía para mostrarse, que sonreía para una foto, pero cada vez sonreía menos en la vida real. Y cuenta que hace el vídeo para su niña interior su “yo de 12 años”, que fue cuando empezó a dejarse impresionar por lo que hacían otras chicas y empezó a abrirse camino poco a poco hasta conseguir lo que siempre había soñado.

Protesta porque siente que ha desperdiciado su adolescencia dependiendo de las redes sociales, viviendo de su físico y de la aceptación social (virtual). Algo con lo que soñaba desde pequeña y acabó consiguiendo. ¿Cómo de sola estaba entonces para perseguir su sueño a toda costa? ¿Dónde estaba su familia para asesorarla cuando le hicieron aquella foto en (mini) bikini a los 16 años?

La modelo se queja de engaño, de manipulación. Se disculpa con sus seguidores y con ella misma por el tiempo que lleva haciendo algo que de pronto va contra sus principios. Ha descubierto que las fotos de catálogo no muestran la realidad. Nunca es tarde para abrir los ojos. Y sentí y me creí que ha pasado momentos muy duros, que tenga o haya tenido depresión, y eso es un tema muy serio del que no soy capaz ni de hablar ni me creo quién para ponerlo en duda. En este punto, la chica sí tiene mis respetos.

Que el mundo de la moda es pura manipulación, no es ninguna novedad. Los rasgos físicos de las modelos del momento los tienen una minoría, no es ninguna representación de hombres ni mujeres de a pie. Son MODELOS y viven de cumplir una serie de cánones que el resto no cumplimos y que nos han enseñado a admirar. El maquillaje es otra caraterística de este trabajo, ni siquiera pienso que trate de mentir (sería nuestra culpa si nos dejáramos engañar por esa belleza químico-artística), sino exagerar, llamar la atención, cuando, por ejemplo, le pintan a una modelo los labios de amarillo. Y ya incluso sabemos cuando alguien está retocado, cuando no se le notan la venas, los poros, las ojeras. No hay lunares, no hay granitos, no hay pelusilla… Y no dejaremos de quejarnos y algunas de las quejas las apoyo firmemente, pero una cosa está clara: si todo eso vende, es porque alguien compra.

Pero Essena va más allá y habla de la superficialidad de las redes sociales, de cómo los datos y las estadísticas te empiezan a volver loca cuando consigues un número de seguidores o de me gusta que antes te parecía suficiente y de pronto sientes que tienes que ir a por una nueva cifra. Y mientras más seguidores, más millonarios son los contratos. Mientras más cifras, más cifras. Entiendo que a ella le haya pillado por sorpresa dada su juventud y que si se ha sentido sola, puede que realmente lo haya estado cuando nadie ha sabido ponerle unos límite en una edad en la que somos tan vulnerables.

En su vídeo nos invita a no creernos nada, a salir a la calle, a hablar con desconocidos en un parque, a hacer algún voluntariado, a leer libros, a salir a tomar café… Y mi pregunta es: ¿en serio, Essena, y nombrando a Essena me dirijo a cualquiera que esté en alguna red social, no eres capaz de hacer ninguna de esas cosas porque tengas un nombre de usuario, una contraseña y un número de followers?

Si de verdad las redes nos suponen un problema, debemos pedir ayuda. ¿Cómo lo sabemos? En el momento en el que te planteas qué aficiones has dejado atrás: cine, libros, deporte… ahí pueden estar las claves. Me impresionó que esta chica destacara que lo mejor que había hecho en su mes sin redes, ha sido ver un documental y leer tres libros. Os recuerdo, para enfatizar, que tiene 19 años recién cumplidos.

Tengo Facebook desde 2008, Twitter desde 2011, Instagram desde 2013… y ni a mi vida ni a mi intelecto les ha faltado un buen libro, una buena charla, una mañana al sol… Si hablamos de adicción, estamos hablando de un tema muy serio que habría que tratar en otros términos. Por eso no me creo al 100% la historia de Essena, porque me lo cuenta por Youtube, con el objetivo de que se publique en Facebook y no estoy segura de que no vaya a ganar dinero por las visitas de los que hemos picado con esta historia. Que no es que a mí me importe, que ya quisiera yo ganar millonadas tan fácilmente, pero necesito coherencia con lo que me cuenta.

Pienso mal y creo que ha hecho el dinero suficiente como para no tener que exhibirse. Que realmente puede que le haya afectado psicológicamente, pero a la vez leo entre líneas una pataleta de nueva chica rica. Conozco gente ambiciosa que lo es tanto que llega a deprimirse cuando consigue sus metas porque, una vez que las obtiene, quiere llegar aún más allá. Y ni los números ni el éxito son nunca los deseados. Es como si todo se quedara pequeño cuando te va bien.

Y pienso además en quién le habrá dicho que el vídeo es más creíble si lo hace en casa vestida con una camiseta gris lisa, sin maquillaje y con un moño alto mal hecho. Y si no es esta la misma técnica manipuladora que aquella de ponerse un vestido concreto y posar de una manera específica. Hay que tener cuidado con la doble trampa de las redes sociales.

Yo creo en las adicciones, en la depresión, en la frustración… pero en esta historia, lo siento, no creo.



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