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El carnaval local es algo de lo que entiendo más de lo que demuestro, incluso más de lo que quiero que se sepa. De hecho, sé tanto, que ya no me gusta.

Lo sigo desde hace años desde mi sillón de acariciar al gato que no tengo. Lo veo con mis gafas de ver de lejos el ridículo.

Todo carnaval local cuenta con sus clichés: una chirigota malvestida de mujer (asumo el riesgo de que me llaméis feminazi, pero debéis saber que no nos hacéis ningún favor…), su pasodoble al político de turno, la declaración de amor mío de mi corazón, y una parte del repertorio en la que quede claro lo orgullosos que estamos de ser de donde somos (que si hubiéramos nacido en otro sitio, lo repitiríamos con muy pocas modificaciones).

El espectáculo grotesco no (siempre) lo ofrece el repertorio, sino los componentes, para los que prima la competitividad sobre el compañerismo. En la mayoría de los casos es un concurso con un premio metálico mínimo (si es que lo hay…), pero hay que ganarlo a toda costa y caiga y quien caiga. He visto dedicar parte del repertorio a menospreciar a otras agrupaciones, he visto reclamar un premio bases en mano agarrándose a una interpretación ambigua del contenido… he visto bien, con esas gafas que os dije.

Quien no gana, se aferra a la idea de lo injusta que es su posición tras tantos meses de ensayo y dedicación que son, día arriba, día abajo, los mismos que le han dedicado los que quedaron por encima y los que quedaron por debajo. Como en todo, las agrupaciones se clasifican en dos grupos: los malos, y los nuestros.

Unos a otros se animan diciéndose que es que había mucha calidad, que todos son igual de buenos, cuando en realidad todas las disputas, y no sólo aplicadas al carnaval, se solucionarían admitiendo que todos somos la misma mierda.

 


Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 9.800 veces en 2015. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.


Si buscas A Flúor en Google Web aparece nuestro himno y su autor. Si lo buscas en Google Vídeos, por ahí andamos. Si pinchas en cada palabra subrayada en este post, sabrás más de nosotros.

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?

A Flúor nace en Twitter y se desarrolla en Youtube. Puede que haga dos años desde la primera vez que supe de @Sr_Kal_El y un poco más tarde conocí a @lazonadsantutxu. Ambos son activos e ingeniosos en Vine. Fue por eso por lo que me interesé aún más en ellos. Realmente es una suerte que te guste lo que hacen algunas personas y que, a la vez, a ellos les interese lo que haces tú. FlúorAsí, de pronto, me veo un día grabando un vídeo para un Vine de Clark. Y así hasta tres. Yo empecé a darme cuenta de que esto me daba mucha vida y me quitaba muy poco tiempo. Pero no sabía cuánto iba a durar. En los días en los que pensaba si abrirme una cuenta en Vine, cuando reflexionaba sobre si le sacaría partido y si la podría mantener activa, me llega un mensaje, EL mensaje de Clark que aún tengo guardado en una captura de pantalla, contándome que Iván y él se traían algo entre manos, buscaban una chica y ambos querían que fuera yo. No sé si fue para su bien pero, desde luego, lo fue para el mío. Ese día contribuyeron a hacer a una persona un poco más feliz.

¿Qué hacemos?

Vídeos de humor. Que hacemos vídeos estaba ya claro. Hacer humor es la parte más complicada y gratificante de todo esto. Afortunadamente, los tres contamos con un nivel de payasada muy parecido y, a la vez, personalidades muy diferentes y ritmos de vida bastante complejos. A esto hay que sumar la distancia, que limita el tipo de vídeos que podemos hacer, pues cada uno hace su parte y luego se pone en común. Aunque compartimos el gusto por lo absurdo, a menudo tenemos puntos de vista muy diferentes y eso lo hace todo más enriquecedor. Aprendemos mucho los unos de los otros. En A Flúor jugamos a hacer un informativo en el que cada uno tiene sus papeles muy perfilados: el presentador, el reportero y la mujer del tiempo. Entre informativo e informativo intercalamos algún vídeo más cortito como subsección titulada A Flúor TV. La idea principal es que sean vídeos colaborativos, por eso pedimos que nos enlacen tweets dialogados con el hashtag #LoQuieroEnAflúor para que sintáis esto más vuestro, intercalando así vuestras ideas con las nuestras y hacer el proyecto más cercano a nuestros seguidores.

¿Cuál es nuestro objetivo?

Fue una de las cosas que tuvimos más claras desde el principio. A Flúor pretendía ser fuente de risas tanto para nosotros como para quien quisiera que fuera nuestro público. Miraríamos los números lo justo, pues contar con unas buenas estadísticas, anima, pero prometimos no obsesionarnos ni darles prioridad. Lo que sí queríamos que pasara es que al menos quien lo viera se riera mínimo la mitad de lo que nos reímos nosotros mientras desarrollamos cada idea. Y, por lo que nos hacéis llegar, está pasando.

Agradecimientos

Detrás de todo youtuber, twitter, vinero… hay gente involucrada a la que ni siquiera se le preguntó si quería estar en estos líos. Pues imaginad detrás de nosotros que somos todo eso y más (facebookeros, instagramista – que instagRamera está muy feo – bloguera…). Por eso yo, como parte del equipo, agradezco muchísimo el apoyo de nuestros pilares principales: María, Natalia y Arturo. Pacientes consejeros y, a veces, incluso ayudantes de cámara. Esos que son personas y a la vez lugares adonde vamos cuando necesitamos fuerzas y que nos ponen la realidad en la cara de la forma más amable. Y, por supuesto, a nuestra gente de twitter, especialmente del grupal, casi 70 personas que desde el principio se volcaron con nosotros y compartieron, comentaron e hicieron de esto todo lo que somos ahora gracias a la repercusión que nos dieron y todo el cariño que pusieron en cada retweet y cada mención, así como con la creación del hashtag #AFlurri. Lo mejor que podemos hacer para agradecéroslo es seguir funcionando.

 


Desde que Andrea y Lulú se instalaron en casa, tenemos las tareas muy bien organizadas.
Hoy vamos a ver una peli y nos toca ir a comprar para hacer palomitas. “Para hacer palomitas”, que no es lo mismo que “palomitas para hacer”. A raíz de la llegada de mi amor y el de Schwarze, el microondas y mis precocinados han quedado en un segundo plano. Así que nos dirijimos a un granero donde compramos el mejor maíz de la zona. A Andrea le gusta poner la sartén y pararse a escuchar cada “pop” en la tapa de la olla. Desde el principio me propuse no cuestionar a un chico con un nombre como el suyo y le dejo hacer. Él mira a los fogones atentamente, yo le miro a él y Lulú mira cómo la oreja derecha de Schwarzenegger da saltitos a cada explosión de maíz.
De vuelta a casa, por la autovía, disfrutamos del paisaje con la ventanilla bajada. El aire acondicionado del coche no funciona, como todas las cosas que se averían en verano. Hemos tenido que bajar la ventanilla para hacer tolerables los 42º que están cayendo hoy. Tengo dos camiones delante y no estoy muy segura de quererles adelantar. Para cuando me decido, ocurre una de las escenas más irritantes: el camión que tengo delante, se dispone a adelantar al otro en plena rampa. Yo quedo justo detrás de él, reduciendo velocidad y cambiando las marchas forzosamente. Inspecciono… Intento entender de camiones y sólo sé que llevan carga…
Oigo un estallido. Lo único que faltaba ahora es que a alguno de los tres se nos pinchara una rueda. Otro estallido, uno más… para cuando me quiero dar cuenta, las palomitas se estaban haciendo en el regazo de Andrea del calor tan inmenso que hacía.
Todo se paraliza, los camiones se han venido abajo en la cuesta y me llevan a 50, mirando magnetizada las placas que indica que son articulados, con una fila de coches a mi espalda y otra a mi derecha, me siento como en un cine de verano, de esos que salen en las películas. Empiezo a dar rienda suelta a mi imaginación y personifico los vehículos inventándome que son amigos que se han encontrado y pasean juntos, como cuando Andrea y yo nos estábamos conociendo, y caminábamos uno al lado del otro dándonos conversación.
Pero la realidad supera a mi imaginación cuando las ventanillas de ambos camiones, las que quedan una enfrente de otra se bajan y aparece una mano desde la izquierda. Acto seguido, esa mano se encuentra con otra que sale del otro camión. Los dos conductores siguen su camino agarrados. Y, en mi coche, el calor provoca estallidos que simulan fuegos artificiales celebrando la unión, mientras nos llueven flores blancas, que desmenuzo intrigada por saber cómo acabará esta película.


Me siento orgullosa de algo que no se hace gracias a mí, pero de lo que formo parte.

En 2011 se creó el movimiento 18-J, pues el 18 de junio representábamos una obra multidisciplinar basada en la vida de Beethoven. Lo alucinante para mí era que, por primera vez, conocía al autor de una obra. Autor que pronto pasé de verlo sólo como un loco que se sentaba de madrugada a escribir sus locuras, para verlo además como alguien con quien contar. Aquella vez contábamos con música, pintura, poesía, actuación… todo en directo. Y yo tuve la suerte de estar ahí, además, por la más pura casualidad. Tanta fue la suerte que de ahí salió quien es hoy el mejor de los amigos.

Mi actividad sobre los escenarios no paró ese año, me sentía plena, no paraba de hacer lo que más me gusta. Pero no fue hasta verano de 2012 que no tuve otra propuesta de esta gente del 18-J. Esta vez se trataba de un recital de poesía acompañado de piano en directo. No siento la pasión que sienten ellos por la poesía, pero el hecho de volver a hacer algo con ellos y de tener el lujazo de disfrutar de tres pianistas en directo, me entusiasmaba. Combinamos música y poesía como mejor lo supimos hacer. Gustó, gustó mucho.

Nacía Ala y Raíz.

Al año siguiente volvieron a hacerlo. Yo decidí no estar y se demostró lo que siempre repito: nadie es imprescindible (en sel sentido positivo, siempre). Entró más gente, añadieron baile y drama al recital. Y yo estuve entre el público.

Año 2014. Creo que fue por primavera cuando empezaron a llegar los primeros e-mails de Migue. La estaba volviendo a liar y esta vez parecía que era algo más gordo. Nos envió el borrador de un guión que sólo entendía él. Yo sólo fui capaz de captar lo sufiente como para decir que sí casi sin pensármelo. Esta vez, a parte de lo ya habitual (poesía y piano) había violines, danza, teatro, sombras… ¡y hasta un zancudo! Tuvimos la suerte de hacerlo al aire libre en un paraje sin igual.

IMG_6536Al año siguiente, nos avisan de que llevamos la obra a Linares, pero nos falta la bailaora y una de las soldadas. Las echamos de menos, pero seguimos adelante. En vez de baile, hubo magia. Aunque magia ha habido siempre, pero esta vez, con maga incluida.

A partir de haber llevado la obra fuera y del éxito que tuvimos en el Teatro Cervantes de Linares, la gente me ha estado preguntando si se repetirá en algún otro sitio. No. La respuesta es siempre no, y me llena de orgullo decirlo: no se repetirá, porque en cada sitio donde la llevamos, es diferente. Migue adapta el guión al lugar en el que vamos a representarla. ¿No es alucinante? Me siento realmente afortunada de formar parte de algo tan original.

Además, tal es mi suerte, que se me cumplió un deseo que pedí en la última entrada que escribí aquí sobre teatro. Hablaba sobre Sombras y Niebla y sobre el compañerismo. Acababa la entrada así: Si puedo pedir un deseo, ojalá algún día encuentre a compañeros míos de otras agrupaciones en el patio de butacas. No puede ser muy difícil habiendo actuado ya con 5 grupos diferentes. El teatro necesita tanto de gente que llene el escenario, como las butacas. Y sentir el cariño de gente con la que compartes esa pasión, lo hace todo aún más grande. (ver entrada entera aquí). Esta vez por fin se ha cumplido. Pude contar en el público con gente que había ido expresamente a ese teatro. Familiares, amigos y compañeros que habían viajado (porque todos tuvieron que hacerlo) para poder verme en un escenario. La gratitud es inmensa, no os imagináis lo feliz que me hicisteis. ¡Abrazos millones!

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O te ha pasado, o lo has oído:

índiceEstando un domingo de tapas o tomando café en una terraza, llega el desgraciado de turno y dice ¡aprovechad, que mañana es lunes!. Ídem con el verano a los que nos gusta o con las vacaciones, sean en la época que sean. Incluso un día de sol sorprendiendo en mitad del invierno, se torna opaco cuando alguien dice disfruta hoy, que mañana llueve.

Es triste cuando no nos planteamos si está o no está bien desestimar el disfrute ajeno, ni el efecto que nuestro comentario provoca en quien lo recibe.

Escribo esto porque no os podéis hacer una idea del montón de comentarios negativos que he recibido durante mis vacaciones. Habitualmente, pero lejos de ser un comportamiento obsesivo, comento mi estado o mi ubicación (lo que menos) en facebook y comparto fotos. A veces también en Twitter, e incluso en Instagram. Jamás hago ninguna de esas cosas para molestar a los demás, sino porque me gusta y me apetece. Tampoco me excedo, comparto una parte de mí, pero soy muy celosa de mi intimidad. Me apeteció indicar que estaba disfrutando de unas vacaciones idílicas y, ¿por qué no decirlo?, 3655987muy merecidas,  repartidas entre unos días en la playa con mi pareja y otros cuantos en casa con mi familia. En cualquiera de los casos, recibí mensajes perniciosos como si tuviera que sentirme culpable porque quien lo escribía no tenía la oportunidad que estaba teniendo yo. Incluso había quien me avisaba de que esa foto o esa frase ya la había compartido en alguna de mis otras redes. Sí, claro, porque tengo gente diferente en cada una de ellas y, sobre todo, porque me da la gana.

Hace poco escribía un tweet al respecto. Fue antes de las vacaciones de semana santa porque, da igual que diga que un día no madrugo, da igual que diga que es festivo en mi comunidad, da igual que diga que me he comprado unos donettes o que me siento muy bien conmigo misma… Siempre hay alguien que deja caer su calamidad en el hilo que creaste como positivo, para dejar posar su frustración y hacerte partícipe (¿quizás también causante?) de ella.

Hacesbien

Disfruto de la vida porque es lo que he aprendido a hacer (después de haberme llevado los golpes suficientes, como todos). Nadie me ha regalado nada. Todo lo que tengo lo he conseguido con esfuerzo, dedicación y el apoyo de quienes me prestaron las herramientas o me enseñaron cómo hacer lo que he ido construyendo poco a poco astillándome las manos (agradecimientos varios a quienes me apoyan siempre y se agrietaron las suyas por echarme un cable). Así que, no me hagas sentir culpable por tener vacaciones después de trabajar más horas de las que me da la vida, porque tú no las tengas. No me hagas recordar el montón de puertas a las que llamé para conseguir un trabajo donde estuviera a gusto, porque tú aún no lo has conseguido. No me amargues el chocolate con churros que he subido a instagram porque tú estés a dieta.

En algún sitio leí que mirar las interacciones de otras personas en las redes sociales, te hace sentir desgraciado. Me consta que es así para mucha gente pero, si no estamos preparados para ver lo que otros publican, existen las opciones cerrar cuenta, vendarse los ojos, echar el cerrojo, y bajarse del mundo… porque yo espero seguir informando por mucho tiempo de las cosas buenas que estén a mi alcance.


En una clase en la universidad tuve un nuevo concepto de la palabra “mapa”. Si alguien que lanza una bomba desde un avión viera más allá de la superficie, más allá del mapa donde señaló su objetivo, quizás se replantearía si quiere hacerlo o no. Quizás se le ablandaría el corazón si viera dentro de cada casa a la niña que juega con un trenecito, a la madre que mece a su bebé, al abuelo echándose la siesta… Cada persona, cada situación, cada sentimiento. Pero sólo vemos mapas.

Mapas, cuando el paletismo más grande del país publica tweets quejándose porque MHYV empieza más tarde de lo habitual para dar la noticia de una tragedia que ¿no? les incumbe.

Mapas, cuando periodistas y fotógrafos persiguen a los familiares de las víctimas para obtener la declaración o la fotografía más dramática para vender al mejor buitre.

Mapas, cuando, de otro modo, el garrulismo se manifiesta en seres diciendo que no han muerto personas, sino catalanes (o franchutes, o panchitos).

Mapas.

Y agresores verbales lanzando su bomba al aire en forma de tweet.



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