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Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 9.800 veces en 2015. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.


Si buscas A Flúor en Google Web aparece nuestro himno y su autor. Si lo buscas en Google Vídeos, por ahí andamos. Si pinchas en cada palabra subrayada en este post, sabrás más de nosotros.

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?

A Flúor nace en Twitter y se desarrolla en Youtube. Puede que haga dos años desde la primera vez que supe de @Sr_Kal_El y un poco más tarde conocí a @lazonadsantutxu. Ambos son activos e ingeniosos en Vine. Fue por eso por lo que me interesé aún más en ellos. Realmente es una suerte que te guste lo que hacen algunas personas y que, a la vez, a ellos les interese lo que haces tú. FlúorAsí, de pronto, me veo un día grabando un vídeo para un Vine de Clark. Y así hasta tres. Yo empecé a darme cuenta de que esto me daba mucha vida y me quitaba muy poco tiempo. Pero no sabía cuánto iba a durar. En los días en los que pensaba si abrirme una cuenta en Vine, cuando reflexionaba sobre si le sacaría partido y si la podría mantener activa, me llega un mensaje, EL mensaje de Clark que aún tengo guardado en una captura de pantalla, contándome que Iván y él se traían algo entre manos, buscaban una chica y ambos querían que fuera yo. No sé si fue para su bien pero, desde luego, lo fue para el mío. Ese día contribuyeron a hacer a una persona un poco más feliz.

¿Qué hacemos?

Vídeos de humor. Que hacemos vídeos estaba ya claro. Hacer humor es la parte más complicada y gratificante de todo esto. Afortunadamente, los tres contamos con un nivel de payasada muy parecido y, a la vez, personalidades muy diferentes y ritmos de vida bastante complejos. A esto hay que sumar la distancia, que limita el tipo de vídeos que podemos hacer, pues cada uno hace su parte y luego se pone en común. Aunque compartimos el gusto por lo absurdo, a menudo tenemos puntos de vista muy diferentes y eso lo hace todo más enriquecedor. Aprendemos mucho los unos de los otros. En A Flúor jugamos a hacer un informativo en el que cada uno tiene sus papeles muy perfilados: el presentador, el reportero y la mujer del tiempo. Entre informativo e informativo intercalamos algún vídeo más cortito como subsección titulada A Flúor TV. La idea principal es que sean vídeos colaborativos, por eso pedimos que nos enlacen tweets dialogados con el hashtag #LoQuieroEnAflúor para que sintáis esto más vuestro, intercalando así vuestras ideas con las nuestras y hacer el proyecto más cercano a nuestros seguidores.

¿Cuál es nuestro objetivo?

Fue una de las cosas que tuvimos más claras desde el principio. A Flúor pretendía ser fuente de risas tanto para nosotros como para quien quisiera que fuera nuestro público. Miraríamos los números lo justo, pues contar con unas buenas estadísticas, anima, pero prometimos no obsesionarnos ni darles prioridad. Lo que sí queríamos que pasara es que al menos quien lo viera se riera mínimo la mitad de lo que nos reímos nosotros mientras desarrollamos cada idea. Y, por lo que nos hacéis llegar, está pasando.

Agradecimientos

Detrás de todo youtuber, twitter, vinero… hay gente involucrada a la que ni siquiera se le preguntó si quería estar en estos líos. Pues imaginad detrás de nosotros que somos todo eso y más (facebookeros, instagramista – que instagRamera está muy feo – bloguera…). Por eso yo, como parte del equipo, agradezco muchísimo el apoyo de nuestros pilares principales: María, Natalia y Arturo. Pacientes consejeros y, a veces, incluso ayudantes de cámara. Esos que son personas y a la vez lugares adonde vamos cuando necesitamos fuerzas y que nos ponen la realidad en la cara de la forma más amable. Y, por supuesto, a nuestra gente de twitter, especialmente del grupal, casi 70 personas que desde el principio se volcaron con nosotros y compartieron, comentaron e hicieron de esto todo lo que somos ahora gracias a la repercusión que nos dieron y todo el cariño que pusieron en cada retweet y cada mención, así como con la creación del hashtag #AFlurri. Lo mejor que podemos hacer para agradecéroslo es seguir funcionando.

 


Desde que Andrea y Lulú se instalaron en casa, tenemos las tareas muy bien organizadas.
Hoy vamos a ver una peli y nos toca ir a comprar para hacer palomitas. “Para hacer palomitas”, que no es lo mismo que “palomitas para hacer”. A raíz de la llegada de mi amor y el de Schwarze, el microondas y mis precocinados han quedado en un segundo plano. Así que nos dirijimos a un granero donde compramos el mejor maíz de la zona. A Andrea le gusta poner la sartén y pararse a escuchar cada “pop” en la tapa de la olla. Desde el principio me propuse no cuestionar a un chico con un nombre como el suyo y le dejo hacer. Él mira a los fogones atentamente, yo le miro a él y Lulú mira cómo la oreja derecha de Schwarzenegger da saltitos a cada explosión de maíz.
De vuelta a casa, por la autovía, disfrutamos del paisaje con la ventanilla bajada. El aire acondicionado del coche no funciona, como todas las cosas que se averían en verano. Hemos tenido que bajar la ventanilla para hacer tolerables los 42º que están cayendo hoy. Tengo dos camiones delante y no estoy muy segura de quererles adelantar. Para cuando me decido, ocurre una de las escenas más irritantes: el camión que tengo delante, se dispone a adelantar al otro en plena rampa. Yo quedo justo detrás de él, reduciendo velocidad y cambiando las marchas forzosamente. Inspecciono… Intento entender de camiones y sólo sé que llevan carga…
Oigo un estallido. Lo único que faltaba ahora es que a alguno de los tres se nos pinchara una rueda. Otro estallido, uno más… para cuando me quiero dar cuenta, las palomitas se estaban haciendo en el regazo de Andrea del calor tan inmenso que hacía.
Todo se paraliza, los camiones se han venido abajo en la cuesta y me llevan a 50, mirando magnetizada las placas que indica que son articulados, con una fila de coches a mi espalda y otra a mi derecha, me siento como en un cine de verano, de esos que salen en las películas. Empiezo a dar rienda suelta a mi imaginación y personifico los vehículos inventándome que son amigos que se han encontrado y pasean juntos, como cuando Andrea y yo nos estábamos conociendo, y caminábamos uno al lado del otro dándonos conversación.
Pero la realidad supera a mi imaginación cuando las ventanillas de ambos camiones, las que quedan una enfrente de otra se bajan y aparece una mano desde la izquierda. Acto seguido, esa mano se encuentra con otra que sale del otro camión. Los dos conductores siguen su camino agarrados. Y, en mi coche, el calor provoca estallidos que simulan fuegos artificiales celebrando la unión, mientras nos llueven flores blancas, que desmenuzo intrigada por saber cómo acabará esta película.


Me siento orgullosa de algo que no se hace gracias a mí, pero de lo que formo parte.

En 2011 se creó el movimiento 18-J, pues el 18 de junio representábamos una obra multidisciplinar basada en la vida de Beethoven. Lo alucinante para mí era que, por primera vez, conocía al autor de una obra. Autor que pronto pasé de verlo sólo como un loco que se sentaba de madrugada a escribir sus locuras, para verlo además como alguien con quien contar. Aquella vez contábamos con música, pintura, poesía, actuación… todo en directo. Y yo tuve la suerte de estar ahí, además, por la más pura casualidad. Tanta fue la suerte que de ahí salió quien es hoy el mejor de los amigos.

Mi actividad sobre los escenarios no paró ese año, me sentía plena, no paraba de hacer lo que más me gusta. Pero no fue hasta verano de 2012 que no tuve otra propuesta de esta gente del 18-J. Esta vez se trataba de un recital de poesía acompañado de piano en directo. No siento la pasión que sienten ellos por la poesía, pero el hecho de volver a hacer algo con ellos y de tener el lujazo de disfrutar de tres pianistas en directo, me entusiasmaba. Combinamos música y poesía como mejor lo supimos hacer. Gustó, gustó mucho.

Nacía Ala y Raíz.

Al año siguiente volvieron a hacerlo. Yo decidí no estar y se demostró lo que siempre repito: nadie es imprescindible (en sel sentido positivo, siempre). Entró más gente, añadieron baile y drama al recital. Y yo estuve entre el público.

Año 2014. Creo que fue por primavera cuando empezaron a llegar los primeros e-mails de Migue. La estaba volviendo a liar y esta vez parecía que era algo más gordo. Nos envió el borrador de un guión que sólo entendía él. Yo sólo fui capaz de captar lo sufiente como para decir que sí casi sin pensármelo. Esta vez, a parte de lo ya habitual (poesía y piano) había violines, danza, teatro, sombras… ¡y hasta un zancudo! Tuvimos la suerte de hacerlo al aire libre en un paraje sin igual.

IMG_6536Al año siguiente, nos avisan de que llevamos la obra a Linares, pero nos falta la bailaora y una de las soldadas. Las echamos de menos, pero seguimos adelante. En vez de baile, hubo magia. Aunque magia ha habido siempre, pero esta vez, con maga incluida.

A partir de haber llevado la obra fuera y del éxito que tuvimos en el Teatro Cervantes de Linares, la gente me ha estado preguntando si se repetirá en algún otro sitio. No. La respuesta es siempre no, y me llena de orgullo decirlo: no se repetirá, porque en cada sitio donde la llevamos, es diferente. Migue adapta el guión al lugar en el que vamos a representarla. ¿No es alucinante? Me siento realmente afortunada de formar parte de algo tan original.

Además, tal es mi suerte, que se me cumplió un deseo que pedí en la última entrada que escribí aquí sobre teatro. Hablaba sobre Sombras y Niebla y sobre el compañerismo. Acababa la entrada así: Si puedo pedir un deseo, ojalá algún día encuentre a compañeros míos de otras agrupaciones en el patio de butacas. No puede ser muy difícil habiendo actuado ya con 5 grupos diferentes. El teatro necesita tanto de gente que llene el escenario, como las butacas. Y sentir el cariño de gente con la que compartes esa pasión, lo hace todo aún más grande. (ver entrada entera aquí). Esta vez por fin se ha cumplido. Pude contar en el público con gente que había ido expresamente a ese teatro. Familiares, amigos y compañeros que habían viajado (porque todos tuvieron que hacerlo) para poder verme en un escenario. La gratitud es inmensa, no os imagináis lo feliz que me hicisteis. ¡Abrazos millones!

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O te ha pasado, o lo has oído:

índiceEstando un domingo de tapas o tomando café en una terraza, llega el desgraciado de turno y dice ¡aprovechad, que mañana es lunes!. Ídem con el verano a los que nos gusta o con las vacaciones, sean en la época que sean. Incluso un día de sol sorprendiendo en mitad del invierno, se torna opaco cuando alguien dice disfruta hoy, que mañana llueve.

Es triste cuando no nos planteamos si está o no está bien desestimar el disfrute ajeno, ni el efecto que nuestro comentario provoca en quien lo recibe.

Escribo esto porque no os podéis hacer una idea del montón de comentarios negativos que he recibido durante mis vacaciones. Habitualmente, pero lejos de ser un comportamiento obsesivo, comento mi estado o mi ubicación (lo que menos) en facebook y comparto fotos. A veces también en Twitter, e incluso en Instagram. Jamás hago ninguna de esas cosas para molestar a los demás, sino porque me gusta y me apetece. Tampoco me excedo, comparto una parte de mí, pero soy muy celosa de mi intimidad. Me apeteció indicar que estaba disfrutando de unas vacaciones idílicas y, ¿por qué no decirlo?, 3655987muy merecidas,  repartidas entre unos días en la playa con mi pareja y otros cuantos en casa con mi familia. En cualquiera de los casos, recibí mensajes perniciosos como si tuviera que sentirme culpable porque quien lo escribía no tenía la oportunidad que estaba teniendo yo. Incluso había quien me avisaba de que esa foto o esa frase ya la había compartido en alguna de mis otras redes. Sí, claro, porque tengo gente diferente en cada una de ellas y, sobre todo, porque me da la gana.

Hace poco escribía un tweet al respecto. Fue antes de las vacaciones de semana santa porque, da igual que diga que un día no madrugo, da igual que diga que es festivo en mi comunidad, da igual que diga que me he comprado unos donettes o que me siento muy bien conmigo misma… Siempre hay alguien que deja caer su calamidad en el hilo que creaste como positivo, para dejar posar su frustración y hacerte partícipe (¿quizás también causante?) de ella.

Hacesbien

Disfruto de la vida porque es lo que he aprendido a hacer (después de haberme llevado los golpes suficientes, como todos). Nadie me ha regalado nada. Todo lo que tengo lo he conseguido con esfuerzo, dedicación y el apoyo de quienes me prestaron las herramientas o me enseñaron cómo hacer lo que he ido construyendo poco a poco astillándome las manos (agradecimientos varios a quienes me apoyan siempre y se agrietaron las suyas por echarme un cable). Así que, no me hagas sentir culpable por tener vacaciones después de trabajar más horas de las que me da la vida, porque tú no las tengas. No me hagas recordar el montón de puertas a las que llamé para conseguir un trabajo donde estuviera a gusto, porque tú aún no lo has conseguido. No me amargues el chocolate con churros que he subido a instagram porque tú estés a dieta.

En algún sitio leí que mirar las interacciones de otras personas en las redes sociales, te hace sentir desgraciado. Me consta que es así para mucha gente pero, si no estamos preparados para ver lo que otros publican, existen las opciones cerrar cuenta, vendarse los ojos, echar el cerrojo, y bajarse del mundo… porque yo espero seguir informando por mucho tiempo de las cosas buenas que estén a mi alcance.


En una clase en la universidad tuve un nuevo concepto de la palabra “mapa”. Si alguien que lanza una bomba desde un avión viera más allá de la superficie, más allá del mapa donde señaló su objetivo, quizás se replantearía si quiere hacerlo o no. Quizás se le ablandaría el corazón si viera dentro de cada casa a la niña que juega con un trenecito, a la madre que mece a su bebé, al abuelo echándose la siesta… Cada persona, cada situación, cada sentimiento. Pero sólo vemos mapas.

Mapas, cuando el paletismo más grande del país publica tweets quejándose porque MHYV empieza más tarde de lo habitual para dar la noticia de una tragedia que ¿no? les incumbe.

Mapas, cuando periodistas y fotógrafos persiguen a los familiares de las víctimas para obtener la declaración o la fotografía más dramática para vender al mejor buitre.

Mapas, cuando, de otro modo, el garrulismo se manifiesta en seres diciendo que no han muerto personas, sino catalanes (o franchutes, o panchitos).

Mapas.

Y agresores verbales lanzando su bomba al aire en forma de tweet.


Cuando la electricidad llegó a Downton Abbey, Violet, la condesa viuda de Grantham, se quejaba de que era algo innecesario, que no la necesitaban porque antes se las habían arreglado sin ella. Puedes ver la escena de la que hablo en el minuto 0:23 haciendo click aquí. Lady Grantham también muestra su rechazo al teléfono e incluso a la silla giratoria. Haz click aquí para ver la escena de la silla giratoria.

–          Lady Grantham: ¡Santo cielo! ¿Dónde estoy sentada?

–          Matthew: En una silla giratoria.

–          Lady Grantham: ¿Otra de sus geniales ideas?

–          Matthew: No, la inventó Thomas Jefferson.

–          Lady Grantham: ¿Por qué todo hoy en día supone una lucha con un americano?

Lo mismo ocurre actualmente con las nuevas tecnologías.

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Somos reacios al cambio, incluso cuando el cambio lo que hace es sumar bienestar.

Hace unos días circulaba un vídeo de muro en muro de facebook idealizando la vida sin el uso de los smartphones. En un pseudo-rap, un chico contaba lo que nos estamos perdiendo por ir mirando la pantalla del móvil. Contaba la maravillosa historia de cómo él formaba una familia porque un día se cruzó con la mujer de su vida y se miraron a los ojos. Luego vino la boda, después los hijos, los nietos… en definitiva, objetivos que uno – ¿obligatoriamente? – tiene que cumplir para ser feliz. Para contrastar, volvían a rodar la misma escena en la que se cruza con la chica, pero esta vez él no la ve porque iba mirando el móvil. Supongo que entonces su vida es una mierda, que no tiene ya posibilidad de conocer a nadie más porque tiene un móvil de última generación y de vez en cuando escribe un whatsapp (¿a la mujer de su vida que esta al otro lado del mapa, quizás?).

En el vídeo (ver aquí) sugiere que hablemos entre nosotros, que eso se está perdiendo. ¿Cuándo hemos hablado con la persona que espera el autobús a nuestro lado? Al revés, siempre nos han enseñado a no hablar con los desconocidos, ¿a qué viene esto ahora? Y sí, yo alguna vez lo he hecho, incluso conocí a un chico interesante en un autobús con el que tuve una historia muy bonita (no tanto como para que fuera el hombre de mi vida). El hecho de tener un móvil no me priva de socializar.

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En mi etapa universitaria, aún no había móvil y todos los días nos juntábamos unos cuantos en la parada del autobús. Nadie miraba a nadie. Todos pasábamos el rato mirando al bordillo donde se pararía el 8. En época de exámenes, leíamos apuntes. No miraba una pantalla y tampoco pasó por allí el hombre que me daría hijos perfectos y felices.

Diferente es la dependencia, como en todo, pero la cosa se nos está yendo de madre. A mí me han dicho varias veces que siempre estoy con el móvil. Me lo ha dicho alguien sin soltar el mando de la tele, me lo ha dicho una persona adicta a la nicotina, otra adicta a las compras, también alguien enganchado a los videojuegos y hasta un alcohólico.

En contra de todo lo que se dice, las redes sociales hicieron posible que un día pudiera mirar a los ojos a una persona muy importante en mi vida con quien estoy en contacto diario gracias a whatsapp. Al salir del trabajo, desde que a las 9 hay luz, capturo con la cámara del móvil el atardecer que me regala el cielo. De camino a casa apunto en el block de notas lo que tengo que hacer al día siguiente. A veces, hago la lista de la compra. Después de cenar, veo que tengo mensajes en facebook de amigos que ahora viven en diferentes puntos del mundo… A veces chateo con mi padre, y le mando besos para todos a los que la distancia me impide ver cada día y, a quien, afortunadamente, puedo dar las buenas noches todos los días gracias a las nuevas tecnologías.

Existen muchos mitos sobre el uso del Smartphone. Hace tiempo incluso liberaba ondas cancerígenas. Es injusto que algo que hace la vida más fácil sea desacreditado de esa manera. Pero somos así de catetos.

La ignorancia llega hasta el punto de compartir un vídeo que has visto desde tu Smartphone y que critica a los mismos añadiendo en la publicación un “toda la razón”, para que otro lo comparta diciendo lo mismo.

Cada vez que lo veía, me imaginaba a esa persona viéndolo por la pantalla de su móvil, asintiendo con emoción y lamentándose por lo que se estaba perdiendo. Se promete soltar el móvil en cuanto acabe el vídeo. Pero al final decide que todo el mundo tiene que ser concienciado y copia el enlace, lo publica en facebook, en tuenti, google+, twitter y lo comparte en grupos de whatsapp. Y es que lo han sabido hacer tan bien que nos lo hemos creído.

Yo misma, hace poco fui reprendida por estar con el móvil. Estaba leyendo a Ernest Hemingway.



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