2018 ha sido el año menos fructífero en lo que al blog respecta. Lo he considerado varias veces, pero le he dado importancia muy pocas.

En 2017 hablé con el año como entidad. Tras esa insensatez, hablé conmigo. Me propuse ser consciente de tanto como pudiera y, claro, empecé en septiembre a contar.

El 13 de septiembre de 2017, una llamada renovó mi mundo. Lloré y reí a la vez y preparé dos maletas: la de la última actuación de la temporada y la de vivir mi profesión de lleno por fin. Teatro, master, oposiciones, primera vacante, tutoría, festival de teatro…

Y, arrastrando los pies llegué a 2018, el año que, entre otras cosas, me pasé desayunando.

El año de almacenar bragas en vertical, de tirar las viejas por amor propio y de dejar un cepillo de dientes en su casa.

El año de “no les digas ‘mis niños’, que te encariñas”, cuando ya me llegaba el amor a las cejas.

2018, el año de decir que no me suelen pasar cosas que se vuelven cotidianas.

De “Yo soy Chomsky y aquí están mis cojones”.

De besos en chanclas.

El primer verano con vacaciones de verano de las de verdad empezando por el extranjero más cercano.

De mantener un año más la amistad con Leo, de descubrir la de Inés y de reforzar la de Carmen.

De repartirme, combinarme, desdoblarme y compartirme.

De consolar con consejos de amor que para mí no tengo.

De observar los beneficios del deporte en otros cuerpos.

De proponerme, sin ambiciones, planificar al menos darme un capricho al mes.

  • Enero empezó en un barco anclado en Castilla y viendo el mar a través del orificio de dos llaves de una nueva vivienda.
  • Febrero floreció en Cieza y en Instagram lo saben.
  • Marzo, aventura y cumpleaños en Reino Unido con 33 adolescentes (y 4 adultos con mirada de niños). ¿Quién dijo que trabajar no es divertido? El vídeo DIVERSION, los cánticos infantiles en la catedral, Rupert, Rosa (A.K.A. mi Tata) y nuestros viejitos. Vacaciones en el mar.
  • Abril vino cantando en inglés y como los punkies gitanos.
  • Mayo con mar, cantautores, patinaje y graduación.
  • Junio, visita relámpago a Gran Canaria y una ruta de senderismo que no sé si soñé o viví.
  • Julio: El Prat, durmiendo con felinos, jugando como niñas. Amarillo. Madrid. Portugal. Gracias.
  • Agosto: Mi Camino. Soy 7 veces más fuerte… pero me siguen asustando los fuegos artificiales.
  • Septiembre: Nuevo destino. Incertidumbre. Promesas de frío.
  • Octubre: Musical y espejos en el techo.
  • Noviembre: Sevilla, la casualidad y el humor absurdo.
  • Diciembre: Granada. Alcalá. Vuelta a mi pasado. El fin del daño que nadie ve. Madrid de espectáculos, privilegios, fuegos artificiales a cubierto, despedida y cierre.

A pesar de lo que uno omite en su biografía, de las despedidas, de la pérdida y de tantas cosas que fueron mal, me salió bien.