¡Me quemaron el pelo!

Hace dos años y poco que me hice uno de esos cambios que se notan: me corté la melena. Y, desde entonces, no he podido dejar de hacerlo por necesidad. En estos dos años, he dado una imagen equívoca de persona a la que le gusta cambiar de look. Nada más lejos de la realidad: me aterran los cambios, tanto de tipo de corte como de color – de lugar de residencia ya hablamos otro día -.

#Mechonesolidarios

Yo siempre me he identificado con el pelo largo y natural. Antes de esta vez de la que hablo, solo lo había llevado corto en una ocasión y alguna que otra vez aporté un poco de luz con unos reflejos. Ese fue todo mi atrevimiento en 30 años.

¿Qué pasó entonces? ¡Me quemaron el pelo!

Recuerdo ir a la peluquería con algunos mechones bastante ásperos y ese era uno de los motivos – aunque el más importante es muy personal – por el que fui decidida a sanear. Claro que, para sanear algunos de los que están más cortos, por corte y por posición, no podrían no hacerme capas… ya empezamos mal. ¡Qué manía con desmontar!

“Te repaso luego un poco con la navaja”. De locos. “Y ponme unas mechas”. ¡Me mato!

Así empezó el desastre con el que llevo lidiando hace ya más de dos años.

¿Qué pasó? No lo sé. Pero al lavarme el pelo, si lo peinaba en húmedo, se deshacía porque se volvía elástico y se rompía. En seco, era áspero y difícil de dominar. Cada vez que me peinaba, volaban mechones por el aire y el lavabo parecía una pintura abstracta.

Cuando el pelo se pone así, por muchos productos que uses, solo se arregla cortando. Dada mi inseguridad con los cambios, lo hice de manera gradual. Perfectamente iba notando cuándo necesitaba cortarlo otra vez porque ya no podía manejarlo.

Aparte de cortar cada dos o tres meses, mantuve el pelo todo lo hidratado que pude con aceite de argán para hacer más fácil el peinado y evitar que se rompiera más. Evitaba también peinar con el pelo húmedo e intentaba recogerlo suavemente cuando hacía viento o llovía. Y, por supuesto, evitar usar la plancha y, siempre que el clima lo permitió, le di de lado el secador. También probé la henna quinquina y me fue bien. Pero nunca ocurrió un milagro ni con acondicionadores ni con mascarillas ni con suplementos alimenticios. El cabello se nutre desde dentro, desde fuera solo lo maquillas. El pelo que iba naciendo salía sano, así que no necesitaba más que paciencia para esperar a que creciera y poder cortar lo que afeaba al conjunto.

No exagero si digo que lo probé todo: aceites, champús sin sulfatos, mascarillas, trucos caseros… Pero al final lo único que valió fue cortar y cortar. Han sido dos años de cambios. Meses de gastar dinero en cortes – algunos más perceptibles que otros – y productos para disimular el desastre. En los blogs de gente que había pasado por lo mismo tampoco arrojaban mucha esperanza, pero encontré a quien hablaba con un poco de positividad aunque solo fuera porque se divirtió cambiando un poco. Y, dos años después, tal como hago yo, vino con su melena midi para contarlo.

Diciembre 2018

20 de enero

Desde hace tiempo, el 20 de enero es una de esas fechas que recuerdo. Ni siquiera ocurrió algo extraordinario, pero tiene canciones y poemas que me llevan a otros momentos de mi vida, porque fue un 20 de enero cuando sentí por primera vez que no pasaba nada por ser espontánea, sobre todo cuando nadie te espera en casa.

Había una gata a punto de parir merodeando por debajo de las mesas de una cafetería de Plaza Einstein en la que no debía haber entrado – la gata, digo – mientras yo decía “sí” a un viaje que no debía hacer, pero hice y salió bien. Ese año vinieron todos los vértigos juntos: el de las primeras facturas, el del primer amor (no, pero de verdad), el de la frustración, el del descontrol, el de la toma de decisiones sin consultar, el de bañarme de madrugada en una charca, y el de la noche que dormí con botas.

Unos meses después fui yo misma quien recordó a otra persona lo mucho que nos había cambiado ese encuentro, aunque no nos hubiéramos reconocido después, y tarareé “Día de Enero” ante unos ojos chispeantes que vería muy cerca, muchas veces, mucho tiempo…

Te conocí un día de enero
Con la luna en mi nariz
Y como vi que eras sincero
En tus ojos me perdí.

Me parece mentira que haya pasado todo hace ya media vida. Aún recuerdo la calidez de la pana por el envés y la timidez con la que agachó la cabeza cuando me dijo que estaba muy guapa y le contesté: “sé que no, y no pasa nada”.

Aquellos años en la facultad de letras, entre papeles amarillentos y olor aséptico, descubriría a John Keats, uno de mis autores de cabecera y, ¡cómo no! Me transladaba a enero. Si bien fue “La Belle Dame Sans Merci” con quien más me identifiqué (aún no he decidido si como dama o como caballero…), “The Eve of St. Agnes” me llevaba de nuevo a este día (por ser la víspera de la víspera, ¡yo qué sé!). Pensaba a veces que yo sí era capaz de sentir ese amor que Keats dice que nadie siente. Luego sentía que pasaba por la vida de puntillas… como Keats por el Romanticismo. Y que lo que sí identificaba sin lugar a dudas era el desconsuelo. Como Keats.

Y llegó otro enero en el que hice otro viaje que quizá no debía hacer, pero hice. Ya llevaba varios eneros pagando facturas y tomando decisiones sin asesorar.

¡Qué torpe distracción,
Qué dulce sensación!

Era bueno recordar a esa gata preñada que no sabía que no podía entrar a la cafetería y por eso entró. El sentido de lo prohibido nos lo hemos dado nosotros. Yo he jugado a ser la gata (sin gravidez), la Belle Dame (por placer) y el caballero (porque algunas veces me he topado con auténticos Belles Dames, sobre todo sans merci).

Hice ese viaje con Dames que me abandonaron y supe reírme de aquello esa misma noche en la que alguien no sabía que me estaba esperando, pero aparecí. ¡No, joder, fuma! Apagó el cigarrillo al verme entrar y me dio uno de los mejores – y más necesarios – abrazos que me habían dado en meses (fuma, pero no huele, ¡bien!). Temblé y tenía calor. Nos miramos mutuamente como la Belle Dame miró al caballero (and her eyes were wild) y estacionó su coche en una calle peatonal. Entre unas sábanas tibias de hotel recibí un mensaje que sellaba el inicio de otros meses desbocados.

No sé cuántos eneros me quedan por vivir, no sé cuántos meses dura enero ni si vendrán nuevos caballeros, damas o corceles. Lo que sí sé es que enero siempre sube la factura de la luz y amontona la ropa. Y que seguiré haciendo viajes que no debo para llenar de eneros mis recuerdos.


2018

2018 ha sido el año menos fructífero en lo que al blog respecta. Lo he considerado varias veces, pero le he dado importancia muy pocas.

En 2017 hablé con el año como entidad. Tras esa insensatez, hablé conmigo. Me propuse ser consciente de tanto como pudiera y, claro, empecé en septiembre a contar.

El 13 de septiembre de 2017, una llamada renovó mi mundo. Lloré y reí a la vez y preparé dos maletas: la de la última actuación de la temporada y la de vivir mi profesión de lleno por fin. Teatro, master, oposiciones, primera vacante, tutoría, festival de teatro…

Y, arrastrando los pies llegué a 2018, el año que, entre otras cosas, me pasé desayunando.

El año de almacenar bragas en vertical, de tirar las viejas por amor propio y de dejar un cepillo de dientes en su casa.

El año de “no les digas ‘mis niños’, que te encariñas”, cuando ya me llegaba el amor a las cejas.

2018, el año de decir que no me suelen pasar cosas que se vuelven cotidianas.

De “Yo soy Chomsky y aquí están mis cojones”.

De besos en chanclas.

El primer verano con vacaciones de verano de las de verdad empezando por el extranjero más cercano.

De mantener un año más la amistad con Leo, de descubrir la de Inés y de reforzar la de Carmen.

De repartirme, combinarme, desdoblarme y compartirme.

De consolar con consejos de amor que para mí no tengo.

De observar los beneficios del deporte en otros cuerpos.

De proponerme, sin ambiciones, planificar al menos darme un capricho al mes.

  • Enero empezó en un barco anclado en Castilla y viendo el mar a través del orificio de dos llaves de una nueva vivienda.
  • Febrero floreció en Cieza y en Instagram lo saben.
  • Marzo, aventura y cumpleaños en Reino Unido con 33 adolescentes (y 4 adultos con mirada de niños). ¿Quién dijo que trabajar no es divertido? El vídeo DIVERSION, los cánticos infantiles en la catedral, Rupert, Rosa (A.K.A. mi Tata) y nuestros viejitos. Vacaciones en el mar.
  • Abril vino cantando en inglés y como los punkies gitanos.
  • Mayo con mar, cantautores, patinaje y graduación.
  • Junio, visita relámpago a Gran Canaria y una ruta de senderismo que no sé si soñé o viví.
  • Julio: El Prat, durmiendo con felinos, jugando como niñas. Amarillo. Madrid. Portugal. Gracias.
  • Agosto: Mi Camino. Soy 7 veces más fuerte… pero me siguen asustando los fuegos artificiales.
  • Septiembre: Nuevo destino. Incertidumbre. Promesas de frío.
  • Octubre: Musical y espejos en el techo.
  • Noviembre: Sevilla, la casualidad y el humor absurdo.
  • Diciembre: Granada. Alcalá. Vuelta a mi pasado. El fin del daño que nadie ve. Madrid de espectáculos, privilegios, fuegos artificiales a cubierto, despedida y cierre.

A pesar de lo que uno omite en su biografía, de las despedidas, de la pérdida y de tantas cosas que fueron mal, me salió bien.

Mi Camino

Va a hacer casi dos meses que hice El Camino de Santiago. Cuando lo digo así, quienes no saben de qué va esto, preguntan: “¿¡ENTERO!?”. El Camino es camino tan incompleto como tú lo elijas. Suma tanto como quieras y haz que sea tuyo.

IMG_9368Hace ya un año que empezó la aventura, cuando en un paseo improvisado, antes de partir una vez más hacia los destinos desconocidos a los que nos lleva la interinidad, nos dijimos que lo haríamos juntas y ambas dijimos que sí. Todavía me sorprende que lo dijéramos, sobre todo yo, que nunca tuve esa idea en mente como algo que tachar de la lista de cosas que quiero hacer en la vida. Pero Carmen sí y, allí mismo, dijo que lo quería hacer conmigo. De pronto se convirtió en algo que añadir en el repertorio de mis objetivos a corto-medio plazo. Un monosílabo te cambia a veces la perspectiva y modifica los datos de tu biografía. ¡Cuánto de verdad habrá en lo que he dicho si consideramos que con un “sí” se acaba casando mucha gente!
Si tienes pensado hacer El Camino, hazlo lo más tuyo posible. Déjate aconsejar, pero toma tus propias decisiones. A través de Carmen y de ellos mismos, recibí las recomendaciones de Sergio y Bego, además de las de Luis y de Juan Diego, que el año anterior lo habían vivido y difundido en sus cuentas de Facebook. Siempre nos cuidan. Por eso atendimos a cada palabra de aquel párrafo en Whatsapp. Y una frase decisiva: “haz tu camino”. IMG_9446En un despliegue de consejos, esa fue la clave. Era una manera de hacernos entender que la experiencia iba a ser nuestra, porque cada vivencia es única, que nos ofrecían un abanico de consejos y que podíamos coger desde todos a ninguno. Pero hay que escuchar a los que han pasado ya por eso, aunque luego tomes tus propias decisiones de acuerdo con tus experiencias previas.

Y una vez hecho, ¿qué me gustó?

  • El olor a eucalipto húmedo. La pisada sobre sus hojas. El confort de mis pies cansados sobre esa maleabilidad después de caminar por piedras o asfalto.
  • Saber dónde están mis límites, aprender a escuchar a mi cuerpo, conocer mi fortaleza.
  • Madrugar sin esfuerzo. Increíble, pero cierto.
  • Las conversaciones sin prisa.
  • Los silencios.
  • Sus “mi camino eres tú” cuando le pedía a Carmen que siguiera su camino porque no le seguía el ritmo.
  • Los espontáneos que se unen a tu caminar.
  • Cenar fruta por placer.
  • Compartir.

¿Qué no me gustó?

  • Las esperas por quienes creen que las fotos son lo más importante. Si no hay foto, no has estado. Si no publicas que haces cosas, es como si no las hicieras. A menudo alguien te ralentizaba porque estaba retransmitiendo sus pasos móvil en mano. En los puentes todo el mundo quería foto. Y no sé por qué, tan de redes como soy yo, preferí vivirlo para mí, para nosotras. Haz tú camino, pero intenta no entorpecer el de otros.
  • La competitividad, porque sí, porque aunque hay pocos, algunos viven de recordarte que otra gente hace más kilómetros, más veces y en menos tiempo que tú. El “stop fake Sarria pilgrims” es parte de esa competición que se olvida de aquello de “la meta es el camino”. Pero vaya, haz el camino que te haga más feliz. Si jactarte es tu objetivo, hazlo, pero es una pérdida de tiempo porque resulta que cada uno está haciendo el suyo y tiene sus propias metas.

El Camino es un intensivo de la vida, solo que este lo has planeado tú. Y ni por esas sale como tú esperas. La vida, ¿no? El Camino exige diligencia, por eso las decisiones han de ser tomadas cuanto antes, porque no tienes tiempo que perder. Aprenderás a identificar y desprenderte de lo que te hace daño, de lo que te pesa; a pararte y respirar, a entender las veces en las que pararse a veces duele y aquellos momentos en los que parar es vital. A comer lo que necesitas cuando lo necesitas, a descansar más durmiendo menos, a soportar el dolor… Sabrás deshacerte con más o menos diplomacia de la gente que no te aporte. Querrás permanecer al lado de los que sí suman. Serás prudente eligiendo quién te acompaña. Y, con suerte, todo esto te lo llevarás como aprendizaje para tu día a día, al que nosotras volvimos con un par de zapatillas menos, una amistad reforzada y una vivencia que alecciona.

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Tetas

El pasado mes observé que en la playa de Quarteira no se hace topless. En Portugal  y en España no hay una ley que lo prohíba, pero sí un acuerdo no verbal que hace que no saques las tuyas a pasear si no hay otras tetas al aire antes. Cuál es mi sorpresa cuando, al pasar unos días en Almuñécar veo que tampoco se hace topless ya. No es algo tan explícito como en Quarteira, pero es bastante evidente que algo ha cambiado.

Corría el año 2010 la primera vez que lo hice yo estando con gente. Pasaba unos días con unas nuevas amigas que, según pisaron la arena, se fueron quitando la ropa y se remetieron la parte de abajo del bikini por arriba y por los laterales. Yo hice lo mismo, era mi primera escapada con ellas y no quería parecer rarita. Aunque me sentía más cómoda si me “vestía” para bañarme y luego me volvía a quitar el top para secarme en la toalla.

Año 2011. Tenerife. Aprovechamos que nos aceptan en un curso becado y nos quedamos una semana más. Las chicas que conocemos de allí hacen topless siempre y llevan tanga a la playa. Nos llevan a bañarnos al mar, al que se accede bajando una escalera metálica – como de piscina – desde una calle empedrada con casas en la otra acera. Pasan coches y personas y mis amigas están en tanga. Nadie mira, nadie sexualiza. Es divertido y natural.

Año 2012, conozco a persona nueva que me acompaña y me anima a quitarme el bikini siempre que me dé la gana sin estar pendiente de si en esa zona hay más mujeres que lo hacen. Es liberador.

Año 2018. Por motivos personales-profesionales, decido no hacer topless a menos que sea en una playa poco concurrida (donde además vea tetas), o alejada de lugares donde me puedan conocer o en una cala perdida. Conclusión: no hago topless.

Este año he visto más niñas pequeñas con el bikini completo que antes. He visto cómo la moda impone de nuevo el bañador (después del trikini) con mucha tela. Incluso bañador tanga (porque el culo sí está bien visto), pero con una buena cantidad de tela cubriendo pecho y espalda. Trajes de baño de diseño, de colores vivos, con volantes, con flecos, o  con algo original escrito para fomentar una moda beachwear y estar a la última también en plena naturaleza. A sabiendas de que esta frase me hace mayor, me atrevo a decir que yo no conocía más beachwear que una camiseta vieja y la toalla al hombro.

Y es este mismo año cuando Aitana Ocaña  (19 años, finalista de #OT2017) ve la necesidad de explicar que no estaba haciendo topless en una foto con sus amigas cuando la mayoría de los comentarios que recibe tras su publicación son reprobatorios, porque “¿cómo se te ocurre”, Aitana?. De alguna manera, ella siente el compromiso de dar una explicación y así lo hace. Aclara que sólo se desabrochó la parte de arriba para que se viera la foto más bonita,  que de todos modos no se atreve a hacer topless desde que es tan conocida y que sólo son unas “tetas con sus correspondientes pezones”. Pero claro, es que hemos crecido con una revista (ya retirada) que exhibía tetas como reclamo en su portada y escuchando a otros debatir sobre si la portada de ese mes era un robado o era un posado y juzgar a la protagonista en función de la resolución. Con la llegada de la cámara digital, y más estando desde hace años incorporada a nuestros dispositivos móviles, el riesgo de ser fotografiada y, a consecuencia, la sensación de pérdida de intimidad es aún mayor.

La censura en redes sociales es tan ambigua como extrema hoy día y nos encontramos con que no puedes subir un desnudo, un culo y mucho menos una teta porque te borran la foto (como poco) y te cierran la cuenta. Especialmente si tienes una cuenta pequeña, que para todo hay clases. Puedes subir cualquier tipo de foto desagradable, puedes subir un animal reventado, un vídeo violento… pero un pezón femenino, ¿¡cómo se te ocurre!?

Al hilo de lo que digo he visto varias protestas y aquí van mis favoritas:

  • fa416a99e23091bf527a67c6fdab11a3La camiteta (click para ver más): Una camiseta con tetas dibujadas a modo de garabato y otra que manifiesta la censura con dos equis en los pezones. Que bien puede representar el símbolo con el que algunos tapan pezón femenino en redes o el esparadrapo que algunas chicas se ponen cuando no llevan sujetador para que no se les marque el pezón (sí, hija, sí…).
  • The Tata Topimagesun bikini top sin relleno y con pezones y colores realistas que a simple vista hace que parezca que no llevas nada. Y no es tan sólo una marca, es todo un movimiento en contra de la censura del pezón femenino. Recomiendo seguir su cuenta de Instagram, en la que – además de exhibir la prenda – publicaron la experiencia de una mujer a la que denunciaron sus vecinos por tomar el sol en su jardín sin la parte de arriba. Cuando llegó la policía a su casa, les abrió con el TataTop y ganó la batalla.
  • mannipsEl movimiento #FreeTheNiple -cuyo hashtag utilicé en una foto sin pezones en Instagram y me advirtieron de que sólo con eso me podían denunciar la publicación -, que lucha en contra de los tabúes legales y culturales que tienen al pezón femenino en su punto de mira.
  • Captura de pantalla 2018-09-02 a las 20.21.59El anuncio argentino explicativo sobre la autoexploración para la detección temprana del cáncer de mama que utiliza a un hombre con el torso desnudo porque mostrar el de la mujer sería inmoral.
  • La noticia falsa (que no he logrado encontrar) de una app para superponer un pezón de hombre sobre una foto que exhiba los pezones de una mujer con el objetivo de que no sea retirada. Incluye varios ejemplos de lo absurdo, ya que la mera areola y el pezón masculino propuesto, sabemos que es masculino porque alguien nos ha dicho que lo es. Y porque las fotos con un pezón de pega son, cuanto menos, absurdas, como lo es esta censura.

Tetas, no son más que tetas con sus correspondientes pezones, sin embargo, sospecho que nos queda mucha lucha. La censura – que da lugar a la autocensura de quienes nos creemos mujeres libres – senos ha ido de las manos.

Imagine Dragons

Preparaba el tema “Thunder” para mis alumnos de 2º ESO, con quienes estaba viendo el vocabulario del clima, cuando vi que Imagine Dragons daba un concierto en Madrid y sería en sábado. Al poco de contárselo a A., recibí una captura donde se veía que teníamos entrada para el 7 de abril.

El sábado pasado, en el WiZink Center teníamos nuestra cita. Tras un breve vídeo acompañado de un juego de luces, sonaba I Don’t Know Why, seguido de Believer, que Wayne Sermon arrancó en acústico para aumentar el ritmo dejando paso a Daniel Platzman con la percusión y haciendo enloquecer al público en cada PAIN. Tuvimos que cantar; Ben McKee estaba de cumpleaños y Dan Raynolds nos lo pidió. Nos quedó un Happy Birthday pa’ enmarcar.

Entre canción y canción, el vocalista hacía breves y acertadas introducciones, a veces incluso chapurreando algo de español. En una de las más remarcables, Dan sacaba la bandera arcoíris, apoyando la causa LGBT, para dejársela puesta sobre los hombros mientras cantaba It’s Time del álbum Night Visions, empezando, al estilo que con Believer, de menos a más, para acabar con cañonazos de confeti y dando saltos por el escenario. Le siguió Gold (Smoke + Mirrors) y una versión de Three Little Birds, de Bob Marley, que hizo que la mayor parte del público sintiera el impulso de acompañar el ritmo con la linterna de sus teléfonos móviles creando un efecto estrellado de lo más zen.

Whatever It Takes nos vuelve a poner las pilas con el remate final de la guitarra de Wayne Sermon, que volvió a deleitarnos en Mouth of the River, el siguiente tema que sonaría.

Recuerdo Yesterday especialmente por el bailecito ridículo y espontáneo que se marcaron McKee y Platzman (y por la broma recurrente de A.). Tras Start Over, llega uno de los platos fuertes de la noche: el momento en el que Dan pide que se hable de la depresión, que se naturalice y que si hay alguien en el público que la sufre, que sepan que no están solos, que hay gente que les quiere y que vale la pena vivir. Y, acto seguido, canta Demons. Lógicamente, a Demons sólo puede seguirle Rise Up y, para terminar de subirnos el ánimo, con On the Top of the World (Night Visions) nos llenan el pabellón de globos gigantes que han caído del techo con los que el público juguetea pasándolos de un lado a otro. Para mí, que desde mi posición sólo alcanzo a verlos, el ambiente que se crea es pura magia.

IMG_4559No tenía un sitio privilegiado (aunque estar allí ya era todo un lujo) hasta que ellos quisieron. Cuando yo creía que ya estarían para terminar, el cambio de luces se produjo sólo para dar pie a que la banda se desplazara a un escenario que había instalado al otro lado (¡mi lado!). Aquí, bien cerquita, tocaron tres canciones: un desgarrador Next to me en acústico, Bleeding Out acompañado de violín y cello (un cello con las notas marcadas, que lo he podido ver a posteriori en mis vídeos), y I Bet My Life (Smoke + Mirrors).

Después de ese regalo, volvieron al escenario principal para interpretar Thunder, con la colaboración de K. Flay. Creía que la siguiente canción, Warriors (Smoke + Mirrors) iba a ser el tema potente de despedida, pero no. Walking the Wire era para mí unas de la más esperadas de la noche que pensé que no iba a llegar, pero aquí, justo detrás de Warriors, tenía su hueco. Sin embargo, a partir de ese momento, dejaron muy claro que al concierto sólo le quedaban dos canciones más, que serían un acústico de The Fall (Smoke + Mirrors) y su mayor éxito, Radioactive (Night Visions), con el que saltaron a la fama.

A continuación os dejo un vídeo que he hecho con fragmentos del concierto para que lo viváis un poco más allá de las letras.

 

 

Cuando Twitter se pone bonito.

Leo es de las pocas personas que no se asustan al recordar que estoy sola. Son tantos los que no quieren ver esta realidad que dan por hecho que siempre estoy bien, que no necesito atenciones, porque pensar lo contrario les aterra. Son diferentes formas de querer a una persona: una hacia adentro y otra hacia afuera. No creo que haga falta decir cuál de las dos es la sana.

Leo sabe darme lo que necesito: a veces compañía ruidosa, a veces compañía silenciosa. Ojalá supiera estar haciéndolo con ella igual de bien que ella conmigo. Como cuando quedaba poco para su boda y dejamos de hablarnos de repente. Un día fue necesario hacerlo y – aparte de lo que le tenía que decir – le dije: “no te hablo por no ponerte más nerviosa”. “Por lo mismo que no te hablo yo a ti”, me dijo.

Leo representa a esa amiga leal cuya amistad empieza en la adolescencia, pero nos llegó todo unos 15 años más tarde. Por eso, un buen día en el que nos vemos, decido hacer un regalo de esos que nunca he hecho porque no he encontrado con quién: uno que exprese claro el sentimiento de haber encontrado a mi alma gemela, concepto en el que nunca había creído del todo. Ella lo es. Porque ser alma gemela no significa ser iguales. Creo que Leo y yo no podemos ser más diferentes pero también creo que con ninguna otra amiga me he entendido mejor en mi vida.

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Leo es una de las pocas personas que le da a mis problemas la importancia que tienen para mí. La que nunca me dice “sal y anímate”,  “hay gente que está peor” o “relativiza”, porque tiene formas más humanas de dar consuelo y empatizar. Es experta en los abrazos a distancia. Leo es mi trébol de cuatro hojas, una variación infrecuente de la amistad.

Esta Leo de la que hablo es  y el jueves pasado hizo algo que quizá quien lo hace no es capaz de ver lo grande que es para mí. Puso este tweet:

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Los que se implicaron no saben lo que hicieron. A lo mejor no me llega la suerte como por arte de magia, pero me cambiaron el estado de ánimo y, al final, una cosa lleva a la otra. Me da igual si lo hicieron porque me conocen, porque conocen a Leo, por ninguna de las dos o por ambas cosas. Para todos ellos escribo también este post, porque valoro los detalles. Escribir un tweet animando, lo es. Y vosotros lo hicisteis. Así que, gracias a todos los que:

four-leaf-clover-152047_960_720Parece una simpleza. Ya. Ojalá te lo hagan alguna vez y sepas lo bien que sienta.

Gracias


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